¿Piensa repetir el gobierno de Juan Manuel Santos el modelo de negociación que aplicó con las Farc, ahora con el ELN? Replicarlo sería un grave error, entre otras cosas porque negociar con el ELN va a resultar mucho más complicado que con las Farc. El ELN es más radical en sus posturas y en ello poco o nada importa su inminente y evidente derrota militar. 

Hace tiempo que los jefes del ELN se convencieron de que su sueño de tomarse el poder por la vía armada era una quimera, pero aún así persisten en seguir intentándolo. 

El “cura” Manuel Pérez -su último jefe máximo- murió de viejo, creyendo que era posible derrocar al Sistema. Igual pensaban Marulanda y Jacobo Arenas, los líderes desaparecidos de las Farc. Y en el cumplimiento de ese propósito, unos y otros, se valieron de todo tipo de métodos y acciones criminales, desde el ajusticiamiento a los “traidores”, en el caso del ELN, hasta el narcotráfico, como ocurrió con las Farc.

Las dos organizaciones guerrilleras convirtieron el secuestro y la extorsión de comerciantes y ganaderos en su principal fuente de financiación. Hoy ambas cosechan lo que sembraron, pues la inmensa mayoría de los colombianos las desprecian.

Negociar con el ELN repitiendo los mismos errores que se cometieron con las Farc es un grave error. Y eso es lo que va a ocurrir. Los hechos así lo demuestran. La liberación del ex congresista chocoano Odín Sánchez debió ser una exigencia por parte del Gobierno para negociar con el ELN. Pero no fue así. El ELN liberó a Sánchez después del pago de un multimillonario rescate por parte de su familia. No fue un gesto humanitario. Fue una transacción criminal de la que el Gobierno tenía conocimiento.

Las Farc -con la complacencia de los negociadores del Gobierno- también llegaron a la mesa de La Habana sin admitir uno solo de sus delitos. Y se levantaron de la misma sin haberlos reconocidos, pues la premisa que el Gobierno aplicó fue la más fácil y cobarde de todas: “Si las Farc lo dicen, yo les creo”, según declaró el mismísimo Santos.

Por cuenta de esa premisa, las Farc salieron de La Habana sin ser narcotraficantes y sin ser secuestradoras. Ellas así lo dijeron desde el primer día y el Gobierno así lo creyó desde el primer día.

Es un error que el Estado negocie en igualdad de condiciones con las organizaciones criminales. Es un grave error. No es el ELN quien debe decidir cuándo, cómo y dónde libera a sus secuestrados, ni cuándo dejará de volar el oleoducto Caño Limón-Coveñas. Es que si no suspenden sus actos de terror no puede haber negociación. Esa debería ser una exigencia del Gobierno y no -como ocurre- un “gesto de buena voluntad” del ELN.

Sentarse a negociar con el ELN a partir de “gestos de buena voluntad” falaces, como la liberación de Odín Sánchez, es condenar los diálogos a un rotundo fracaso. Pero eso al Gobierno poco o nada le importa. No aprendió de los errores del pasado reciente. Tan es así que está dispuesto a repetirlos. @leydelmontes