Durante la clausura del Carnaval Internacional de las Artes, el juglar sanjacintero le contó al público que asistió a su homenaje detalles desconocidos de su vida y obra.

“¿Adolfo, cómo es ese cuento de que te llamas Adolfo por Adolfo Hitler?”, le preguntó el periodista y escritor Óscar Montes al compositor Adolfo Pacheco Anillo, delante de unas 1.500 personas que asistieron
al Parque Cultural del Caribe, la noche del pasado domingo, durante la clausura del XI Carnaval Internacional de las Artes.
Con ese interrogante comenzó la que sería una agradable conversación entre el reconocido amante de la música de acordeón y quien es considerado el juglar más importante del folclor colombiano.
La respuesta de Adolfo Pacheco no se hizo esperar, para deleite de los espectadores: «Así es, Óscar, mi madre me puso Adolfo, porque en esa época –yo nací en 1940–, Adolfo Hitler era un personaje popular en Europa, y ella, como buena conservadora, decidió ponerme Adolfo. Pero quiero aclarar que eso fue antes de que Hitler la embarrara y se convirtiera en lo que se convirtió», contestó el juglar.
A partir de ese momento se inició entre entrevistador y entrevistado un diálogo ameno y fluido en el que ambos dieron muestras de conocimiento y respeto por nuestra música de acordeón, tanto sabanera como vallenata.
Durante la charla, que se prolongó por cerca de dos horas, el juglar –emocionado y conmovido–, habló del ‘Viejo Miguel’, su padre, pero también de una de sus canciones más emblemáticas. De su padre dijo que lo admiró profundamente y que le dolió que no asistiera a su grado de abogado de la Universidad de Cartagena .

«El viejo Miguel murió seis días antes de que yo me titulara de abogado», declaró, mientras el público seguía expectante el desarrollo de la conversación.

Las respuestas del compositor sobre su vida y su obra estuvieron acompañadas de sus canciones, y fue así como interpretó  El Viejo Miguel–con la que abrió el conversatorio–, Mercedes, El mochuelo, Oye, Gallo bueno, El cordobés, Me rindo majestad, El hombre del espejo y La hamaca grande, con la que pensaba cerrar su intervención, pero, ante la petición del público, debió regresar al escenario para cantar El tropezón, otro de sus clásicos. La hamaca grande fue coreada por el público desde el comienzo hasta el final.


El compositor habló de todas y cada una de las canciones anteriores. Narró las circunstancias en las que las compuso, así como de las musas que las inspiraron. Contó –en medio de la carcajada de los asistentes al Parque Cultural del Caribe– de sus veleidades políticas y de su condición de ‘pastelero’, pues pasó del comunismo al conservatismo, pasando por el liberalismo. «Yo he sido pastelero en la política, algunas veces por necesidad y otras por amistad».


El juglar estuvo acompañado en el acordeón por Ismael Rudas, quien cautivó al público por su destreza al ejecutar el instrumento y la calidad de sus notas. Su interpretación de El mochuelo fue sensacional y mereció la ovación del público. Rudas hizo recordar sus mejores años al lado de Daniel Celedón, con quien integró la agrupación El doble Poder.
Óscar Montes –gran amigo de Adolfo Pacheco y conocedor de su obra– contó a EL HERALDO que el compositor será uno de los cinco autores que harán parte del segundo volumen de su libro Vidas cantadas, historias de juglares, cuyo primer tomo ya se encuentra en el mercado.

Videos cortesía de @Rafangulo