El comunicado del ELN en el que reconoce la autoría del atentado en Bogotá, que causó la muerte a un agente de la Policía y dejó heridos de gravedad a veinte de sus compañeros, es otra prueba del cinismo y la desfachatez que caracteriza a ese grupo guerrillero. No es -como afirman los autores del atentado terrorista- una demostración de su poderío militar. No hay tal. 

El ELN es un grupo guerrillero diezmado política y militarmente. Carece de vocación de combate, porque sus integrantes saben muy bien que su sueño de acceder al poder por la vía armada se convirtió en una quimera. Carece de ideología, porque encontró en el secuestro y la extorsión la fórmula para que sus jefes se enriquecieran, mientras venden el discurso de la desigualdad social y la “explotación imperialista”. Carece de respaldo popular, porque la inmensa mayoría de los colombianos los odia, como odia a las FARC. Y no es un odio gratuito. Es producto de cientos de ataques cobardes, como el de Bogotá, que tienen en la población civil o en miembros de la Fuerza Pública sus principales blancos. Los pocos campesinos que respalda a los jefes del ELN es porque les temen.

Los jefes del ELN pretenden que los colombianos aceptemos sus perversas condiciones de matar personas inocentes, porque ello les permitiría llegar “fortalecidos” a la mesa de diálogos en Quito. Creen que volando oleoductos, secuestrando comerciantes y matando policías por la espalda, podrán imponer condiciones a la hora de negociar con el gobierno de Juan Manuel Santos. Una de esas condiciones inadmisibles es la seguir secuestrando mientras dialogan, como sus voceros lo han dicho en varias oportunidades. 

No renunciarán al secuestro -dicen- porque el secuestro (ellos lo llaman retención) es el impuesto que los ricos tienen que pagar para sostener la guerra. Y para el ELN un rico es un político, como el ex congresista chocoano Odin Sánchez, que pagó miles de millones de pesos por su liberación, pero también es potentado el dueño de una tienda en uno de los miles de pueblos olvidados de este país. Por eso los colombianos odian al ELN, como odian a las FARC.

De modo que al reconocer que son los autores de la acción de terror contra la Policía en Bogotá, los jefes del ELN deberán asumir las consecuencias de sus actos, que van más allá del masivo reproche de los colombianos. El terrorismo es hoy la práctica más perseguida y castigada en el mundo. Ningún país quiere tratos con terroristas. Ni siquiera Colombia, cuyo gobierno debió hacer maromas jurídicas para tratar de lavarle la cara a una organización terrorista y narcotraficante como las FARC. Y ese capítulo, así en Colombia Santos y Timochenko, le hayan puesto el punto final, sigue sin cerrarse para la comunidad internacional.

A punta de balas y de muertos el ELN pretende que el Gobierno declare el cese bilateral del fuego, que es la razón por la cual están realizando actos de terror, como el de Bogotá. Dicen en el comunicado que mientras ello no ocurra, seguirán cometiendo sus acciones, pues -afirman- el Gobierno puso la condición de negociar en medio del conflicto. 

Al tratar de poner las condiciones de la negociación, el ELN se aprovecha de un gobierno con muy poca capacidad de reacción, que se ha visto superado por la negociación con las FARC, que negoció a su antojo en La Habana; que está sometido a la voluntad de una clase política corrupta y perversa, que sabe sacar tajada de la debilidad de un Presidente con un respaldo popular precario, como ningún otro en la historia reciente. Y -sobre todo- el ELN saca provecho de un gobierno concentrado en tratar de que el agua del escándalo de Odebrecht no le llegue al cuello. Esa es hoy por hoy la mayor preocupación de Santos.

Por esa razón el Gobierno ocultó hasta última hora la autoría del atentado del ELN en Bogotá. Por eso ni los altos mandos militares y de Policía, ni el propio ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, pudieron responder la pregunta de que si no fueron grupos extremistas de los defensores de animales los responsables del hecho, entonces quién o quiénes fueron los culpables. Esa pregunta estaba sin respuesta hasta hoy, cuando el ELN sacó el comunicado asumiendo la responsabilidad de esa acción criminal. ¿Por qué razón, Ministro y generales, ocultaron esa información? 

Sería muy bueno que unos y otros -altos mandos, Ministro de Defensa y hasta el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa- respondieran con contundencia esta pregunta. ¿Las autoridades ocultaron información relacionada con la autoría del atentado de Bogotá? ¿Quién les dio la orden para proceder de esta manera? ¿De lo que se trataba era de no afectar la mesa de diálogos de Quito? ¿Porque razón ninguna autoridad entregó información sobre verdaderos autores del atentado del barrio La Macarena de Bogotá? ¿Qué dicen los informes de inteligencia sobre autores el hecho criminal? Ya es hora de que haya respuestas contundentes a tantas preguntas.