La encuesta de Gallup mostró alarmantes resultados de pesimismo y desconfianza, con los que nadie contaba, por parte de los colombianos.

La primera encuesta del año de Gallup cayó como un mazazo en la cabeza de toda la clase dirigente nacional, empezando por el presidente de la República, Juan Manuel Santos; el vicepresidente, Germán Vargas Lleras; todos los ministros y todos los aspirantes a la Casa de Nariño en 2018. Los resultados para todos son desastrosos. Una verdadera catástrofe en términos de medición de favorabilidad y gestión. La encuesta con peores resultados en los casi siete años de mandato de Santos.

Pero los números de la encuesta son también una debacle para el país en general, pues muestra el pesimismo de los colombianos en niveles estratosféricos nunca antes alcanzados. Y ello resulta mucho más paradójico si se tiene en cuenta que el estudio fue realizado en las principales ciudades del país entre diciembre de 2016 y febrero de este año, justo cuando la negociación con las Farc se volvió irreversible y en momentos en que comenzó la implementación de los acuerdos de La Habana.



Nada de ello sirvió para levantarles el ánimo a los colombianos. Todo lo contrario: las gabelas ofrecidas a los jefes guerrilleros –que afloraron con más fuerza en los últimos tres meses– llevaron al 49 por ciento de los encuestados a responder que la implementación de lo pactado con las Farc “va por mal camino”. Mientras que el 87 por ciento no cree en los diálogos con el ELN, que se llevan a cabo en Quito, Ecuador. Solo el 8 por ciento tiene una opinión favorable.


Para el 73 por ciento de los colombianos encuestados por Gallup, las cosas en el país “están empeorando”, lo que significa un incremento del 15 por ciento, comparado con los resultados de diciembre del año pasado, cuando se realizó el más reciente sondeo. Todas las políticas del Gobierno muestran muy malos resultados. Todas se rajan: empleo, salud, educación, lucha contra el narcotráfico, medio ambiente, agricultura, seguridad ciudadana, lucha contra la pobreza, relaciones internacionales… ¡todas!

El crecimiento desbordado del pesimismo nacional es un fenómeno preocupante, pues en el pasado reciente dicha percepción era explicada por la existencia de dos grandes y perversos protagonistas: Pablo Escobar y las Farc, quienes siempre fueron señalados de ser los grandes culpables de la tragedia nacional. Pero ya sin Escobar y sin las Farc ¿cómo se explica esta desazón generalizada? ¿Cómo se entiende que muy pocos colombianos crean que las cosas puedan cambiar?
Buena parte de la explicación del escandaloso pesimismo nacional tiene –ahora– nombre propio: corrupción. Y también tiene apellido: Odebrecht. En efecto, en los últimos tres meses –que son los que muestra la encuesta de Gallup– el escándalo golpeó con más fuerza a la clase dirigente nacional. Nadie se escapó de los tentáculos de la multinacional brasileña, desde el propio Santos, hasta su más grande opositor, Álvaro Uribe, pasando –¡quién lo creyera!– por las mismísimas Farc, señaladas por directivos de Odebrecht capturados en Brasil de haber recibido pagos durante los últimos veinte años para que dejaran realizar algunas de sus obras.


Seguir leyendo