¿Qué le pasa a la Selección Colombia? El equipo nacional no juega a nada. Nada de nada. ¿Es un equipo que ataca? ¿Es un equipo que defiende? ¿Colombia espera y contragolpea, como Uruguay? ¿Colombia ataca y ataca, como Brasil? ¿Colombia presiona en todas las líneas y aprovecha los errores del contrario, como Chile? ¿Colombia es James-dependiente, así como Argentina es Messi-dependiente? ¿A qué juega Colombia? El que sepa que nos diga. Yo digo que Colombia no juega a nada. ¿Cuál es la disposición táctica de Colombia, profesor Pékerman? ¿Cuál?

Colombia juega horrible. Y llamar “juego” a eso que hace Colombia es en realidad una muestra de afecto y de respeto por los buenos tiempos que se fueron y que ya no volverán. Colombia se parece a ese perro viejo que permanece a nuestro lado y que ya no ladra. Es ese perro manso al que le sobamos el lomo con cariño, pero que sabemos que cuando se metan los ladrones no hará nada para salvarnos, aunque quisiera. Pues bien, ese perro manso que saltó a la cancha del Metropolitano “Roberto Meléndez” no nos llevará al Mundial de Rusia, aunque sus jugadores quisieran.

Ya no podrán decir que la culpa es el mal estado de la cancha. Esa excusa ya no tiene validez. La gramilla del Metropolitano quedó como un tapete, como una mesa de billar. El verde césped, del que hablaba Ángel Labruna, quedó más verde que nunca. Daban ganas de pegarse una siesta, como esa que se pegó James Rodríguez, el crack del Real Madrid y el paquete de la Selección. James vino al Metropolitano a dormir una siesta. Se despertó cuando Sánchez le tocó el hombro en el minuto 83 -cuando el partido dormía en un soporífero cero a cero- y le dijo al oído:  – Oís, que si te animás a patear ese penal que nos acaba de regalar el árbitro brasileño.

Y a regañadientes James se animó y cobró ese penal predecible que el arquero boliviano tapó, pero con tan mala suerte que le dejó el balón servido para que el 10 rematara de nuevo y ahí anotara el gol de la victoria colombiana. Y luego llegó esa imagen que todos presenciamos y que habla de lo que es hoy por hoy nuestra Selección: los dientes apretados, la risita nerviosa y las manos agitándose, mientras  piensas, James: ¡Uyyyyyy, casi no la meto…!

Olvidémonos, pues, de Rusia 2018. Este equipo no nos llevará al Mundial, aunque los números aún nos den esperanzas. Colombia no merece ir a Rusia. Eso sería demasiado premio para unos jugadores y un cuerpo técnico acomodados, aburridos y verseros. No pueden decir – como dijeron- que Bolivia fue un gran rival. No lo es. Nunca lo ha sido. Colombia la hizo ver grande, cuando en realidad es todo lo contrario: Colombia -esta Colombia de Pékerman- es muy pequeña. Eso es todo. Del Partido no hay nada más que decir. No vale la pena. Lo mejor es olvidarlo pronto, como seguramente ya lo olvidó James, después de dormir su siesta.