El Congreso de la República acaba de elegir al ex director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, como nuevo Vicepresidente de la República, en reemplazo de Germán Vargas Lleras, quien se retiró del cargo para aspirar a la Presidencia.

El general Naranjo fue postulado por el presidente, Juan Manuel Santos, quien puso a consideración su nombre para que el Congreso en pleno lo ratificara o lo negara. Cómo se esperaba el alto oficial -ex miembro del equipo negociador del Gobierno con las Farc en La Habana- contó con la aprobación de casi la totalidad del Congreso.

Llamó la atención la decisión del ex presidente de la República y actual senador, Álvaro Uribe Vélez, de no votar a favor por el aspirante a la Vicepresidencia. La razón de la decisión de Uribe y de todos los congresistas del Centro Democrático tiene que ver con el hecho de que Naranjo va a ser el Vicepresidente de Santos, convertido en la actualidad en el más grande contradictor de Uribe. “Ello me impide respaldar su postulación”, declaró Uribe en su invertención ante todos los congresistas.

Cuando se conoció el nombre de Naranjo como posible Vicepresidente de la República, destacados e influyentes voceros del uribismo, como el ex ministro Fernando Londoño Hoyos y el senador, José Obdulio Gaviria, rechazaron abiertamente la postulación. El Polo Democrático también se apartó de la decisión de la mayoría.

El nombre de Óscar Naranjo contó con el respaldo del Partido de La U, Cambio Radical, el Partido Conservador y el liberalismo, cuyos voceros ponderaron las calidades personales y profesionales del nuevo Vicepresidente. 

Una de las incógnitas políticas de Naranjo es -precisamente- su militancia. Por su cercanía con el presidente Santos -sin ser grandes amigos- su nombre es mencionado como una de las fichas de La U. De hecho, fueron los congresistas de este partido quienes más hicieron fuerza para que Naranjo se convirtiera en la fórmula de Santos en la última etapa de sus ocho años de gobierno.

 ¿La razón? Germán Vargas Lleras. En efecto, el Vicepresidente saliente mantuvo siempre relaciones poco cordiales con La U -en especial con los senadores Armando Benedetti y Roy Barreras- quienes lo señalaron de sacar provecho político del cargo para beneficiar burocráticamente a su partido Cambio Radical. Las relaciones de Vargas Lleras con el Partido Liberal también fueron distantes y tirantes, en especial con el ministro Juan Fernando Cristo y el ex presidente César Gaviria.

La otra incógnita sobre la vida del general Naranjo tiene que ver con su futuro político. Naranjo es un hombre ambicioso y es muy probable que la Vicepresidencia sea apenas un escalón en su propósito de llegar más alto. Y después de la Vicepresidencia el único cargo que le quedaría pendiente sería la Presidencia de la República. Sería, pues, al igual que Vargas Lleras, un Vicepresidente con agenda propia.

Vargas Lleras capitalizó su buena gestión al frente de las locomotoras de Vivienda e Infraestructura, donde sus ministros pudieron mostrar muy buenos resultados. Vargas Lleras aspira a convertir en votos las casas y los kilómetros construidos en todo el país.

En el caso del general Naranjo, su fortaleza no es la construcción de viviendas de interés social, ni las carreteras. Lo suyo es la lucha contra las organizaciones criminales, que es donde mejores resultados mostró en el pasado. Ahora se enfocará en combatir a los grupos disidentes de las Farc, las bandas crimínales (Bacrim) y al EPL y al ELN, si los diálogos de Quito fracasan.

No obstante, para Naranjo no será fácil capitalizar otra confrontación armada nacional, luego de que el país cierre el capítulo del conflicto con las Farc. La guerra cansó al país y la sola posibilidad de nuevos enfrentamientos, más muertos en ataques a poblaciones y estaciones de Policía y hasta acciones terroristas en las ciudades, crispa los nervios y genera rechazo en la población. “Si estamos en paz, no tiene ningún sentido que Naranjo nos meta en una nueva guerra”, me dijo un senador Liberal.

Así las cosas, el reto político del general Naranjo no será nada fácil: si muestra demasiadas ganas y ambiciones, los mismos “amigos” de la Unidad Nacional se encargarán de neutralizarlo. Pero si no muestra resultados en lo que mejor hace y más conoce, habrá desaprovechado la gran oportunidad de llegar a donde ahora quiere llegar: la Presidencia de la República.