La Democracia en Venezuela -ahora sí- ha dejado de existir. La decisión arbitraria e ilegítima que tomó hoy el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), órgano controlado por el chavismo, de anular todas las funciones de la Asamblea Nacional, constituye el golpe de gracia que le hacía falta a un sistema democrático moribundo por cuenta de Nicolás Maduro y sus aliados. Nadie podrá hablar de ahora en adelante de la Patria de Bolívar como un país libre y como un pueblo soberano. Maduro se quitó la careta: Venezuela es hoy una dictadura.

Por cuenta de un Tribunal de Justicia de su bolsillo, Maduro -el más incompetente de los incompetentes que rigen los destinos de Venezuela- tiene plenos poderes para hacer lo que quiera en materia política, social, económica y militar. El TSJ le acaba de entregar el rifle al burro para que acabe con la cristalería. 

En Venezuela ocurrió un golpe de Estado. Así de simple. Así de grave. No se le puede llamar de otra forma, así gobiernos timoratos y cobardes, como el de Juan Manuel Santos en Colombia, no se atrevan a ponerle el rótulo que se merece.

El agradecimiento de Santos con Maduro -por haber sido su aliado en la firma de la paz con las Farc- parece blindado contra todo tipo de arbitrariedades y abusos por parte del Gobierno del vecino país, incluyendo al más grave de todos: propinar un golpe de Estado, al cercenar las facultades legítimas de la Asamblea Nacional.

La Asamblea Nacional representa al pueblo, que eligió a sus voceros en Diciembre de 2015 para que en su nombre adopte las medidas que permitan superar la crisis institucional que vive Venezuela, desde que Hugo Chávez Frias llegó al poder y puso en marcha el llamado Socialismo del Siglo XXI. La AN es el órgano Legislativo y Maduro tiene la obligación de respetar sus decisiones, aún aquellas con las que no esté de acuerdo. El pueblo delegó su soberanía en la AN y ella actúa en su nombre.

El TSJ carece de la legitimidad y la independencia que hoy requiere el poder judicial en un país como Venezuela. El TSJ es un apéndice del chavismo. Es un títere en manos de Maduro, que lo usa a su antojo para perseguir, silenciar y encarcelar a quienes se atrevan a oponerse a sus excesos. Las carceles venezolanas están repletas de opositores, entre estudiantes, políticos y líderes gremiales.

Las múltiples violaciones a los Derechos Humanos por parte de funcionarios del régimen chavista cuentan hoy con el silencio cómplice de jueces y tribunales. Nadie hace nada. Nadie dice nada. La oposición venezolana está siendo perseguida de forma inclemente e implacable por el chavismo ante un TSJ que se hace el sordo, el mudo y el ciego ante tanta arbitrariedad.

Ante la degradación constante que sufren las instituciones de Venezuela, llama la atención el silencio cómplice de buena parte de los gobiernos de América Latina, incluyendo el de Santos, cada día más manso y dócil ante los abusos de Maduro. Ni siquiera la violación de nuestra soberanía llevó a la Cancillería colombiana a condenar con vehemencia la incursión premeditada, abusiva y provocadora de tropas venezolanas en Arauca.

La petición del secretario general de la OEA, Luis Almagro, para que en Venezuela se aplique la Carta Democrática -algo apenas elemental ante los abusos del régimen chavista- fue desestimada por la canciller colombiana, María Angela Holguín, quien a nombre del gobierno colombiano consideró que no estaban dadas las condiciones para ello. 

¿Qué tiene que ocurrir para que América Latina abra los ojos y vea todos los padecimientos del pueblo venezolano, desde que Maduro y sus aliados están al mando de la nación? Si el golpe propinado  hoy a la AN no es suficente, entonces tendríamos que concluir que la mayoría de nuestros gobiernos no sólo son cobardes, sino que ahora también se volvieron ciegos, sordos y mudos.