Un informe elaborado el 10 de Agosto de 1989 por la Subdirección de Operaciones Técnicas-sección de Regulación de Corrientes, adscrita al Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierras (Himat), acerca del comportamiento del Río Mulatos en Mocoa, sobre la necesidad de realizar una serie de obras de infraestructura, es la constancia que muestran hoy quienes desde esa época advirtieron de una posible tragedia en la capital del Putumayo. Por desgracia, ella ocurrió en la madrugada de este sábado, cuando el desbordamiento de los ríos que circundan Mocoa, ha dejado como saldo hasta el momento 207 personas muertas, decenas desaparecidas y daños materiales incalculables. La de Mocoa podría ser la crónica de otra tragedia anunciada. Una más.

Aunque el documento fue elaborado para el Ministerio de Agricultura, tiene el sello de la Dirección Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, entidad adscrita hoy al Ministerio del Interior. De hecho, esa entidad -junto con las Fuerzas Militares y la Cruz Roja- está al frente de las operaciones de rescate de las víctimas y damnificados.

 El informe del Himat fue elaborado por la ingeniera civil, Ligia Valdes Tejada, funcionaria de la Sección de Regulación del Himat, y se titula: “Informe de Comisión al Río Mulatos, Mocoa, Putumayo”.

El documento -dado a conocer en su cuenta de Twitter por la periodista colombiana Irma Londoño, residente en Estados Unidos- narra los hechos sucedidos en Enero de 1989, según los cuales: “El día 29, debido al fuerte invierno sufrido en la Intendencia del Putumayo y al aumento considerable del caudal del Río Mulatos, se precipitó una avalancha de agua, lodo y materiales de diámetros considerables, ocasionando una acción devastadora sobre los barrios que se encuentran a orillas del río, afectando varios cultivos y obras de infraestructura”.

Debido a la gravedad de la avalancha, a mediados de Febrero -por solicitud de la Intendencia del Putumayo y de Dainco- se llevó a cabo una inspección a la zona de desastre, que fue realizada por los funcionarios de la Regional Número 10 del Himat, con sede en Pasto. Luego de la inspección, dicha comisión concluyó: “Es urgente la necesidad de adelantar obras de protección en las orillas del Río Mulatos”. También recomendó “la reforestación en la parte alta de la cuenca y reconstrucción de la bocatoma”.

En Mayo de ese año -1989- otra Comisión, esta vez conformada por funcionarios de la oficina central del Himat en Bogotá, realizó el levantamiento hidrotopográfico de la zona problema y determinó las obras requeridas, así como su costo.

Diagnóstico del Himat en 1989

El análisis de las características topográficas de la zona que acaba de ser epicentro de una de las mayores tragedias ambientales del país en los últimos años, no deja duda alguna de que -por el enorme riesgo que implicaba para la población- era necesario realizar todas y cada una de la recomendaciones del Himat en 1989. Veamos:

“En los ríos de montaña la cuenca es erosionadable con fuertes lluvias, arrastrando una mezcla de agua y material de acarreo. Esta masa adquiere-con la pendiente- una violencia extremada, ocasionando desastres en su recorrido”. Ante la posibilidad de una tragedia, los funcionarios del Himat recomendaron: “En esta zona debe procurarse la repoblación forestal para que el terreno no quede suelto y sea fácilmente arrastrado por las aguas”.

“Las laderas deben protegerse -continúan las recomendaciones del Himat en 1989- contra la violencia de la corriente. Para ello se construyen muros de protección que deben ser en piedra dura, no quebradiza. La pendiente excesiva se moderará con azud en piedra y malla, obteniendo así un lecho escalonado. La disminución de pendiente aminora la velocidad y por lo tanto la erosión lateral”.

Pero el diagnóstico del Himat en 1989 es mucho más certero y contundente, al afirmar: “A menudo un río de montaña toma el mismo aspecto que el torrente cuando divaga sobre su cono de deyección, es decir, tiene tendencia a bifurcarse y subdividirse, cambiando su curso al sedimentar sus arrastres”. Es increíble la exactitud con la que el estudio de 1989 narró lo que ocurrió -por desgracia-  el pasado sábado en Mocoa.

“El problema a resolver -dice el informe en sus recomendaciones- es dotar al río de un cauce fijo y hacer que los sedimentos se depositen en lugar conveniente, o bien que sean arrastrados. Las consideraciones anteriores han ocasionado la pérdida de cauce del río, destrucción de viviendas y cultivos en socavación de orillas”.

¿Qué pasó con las obras que en 1989 costaban $82.400.000?

Los funcionarios del Himat recomendaron en 1989 la realización de una serie de obras en el  río Mulatos para evitar futuras tragedias, como la que acaba de ocurrir en Mocoa. Entre ellas se destacaban: la construcción de espolones con dirección declinante para encauzar al río en algunos sectores específicos y construcción de azud también en varios sectores para “tratar de recuperar el cauce del río”. Además, recomendaba: “Dragar en los sitios indicados en el sector EF correspondiente a la bocatoma y a lo largo del río en tal forma que el material extraído sea colocado a ambos lados del río, con el fin de que se protejan las orillas y se evite el avance de la erosión. El cauce debe tener entre 15 y 20 metros de plantilla de acuerdo al ancho del río”. 

El informe del Himat de 1989 concluye diciendo: “El río Mulatos constantemente cambia de cauce y es necesario al construir las obras, realizar una topografía actualizada para obtener un presupuesto real”. Y dicho presupuesto -en 1989- fue de $82.400.000. Eso costaba en 1989 las obras en el Río Mulatos que -quizás- pudieron evitar la muerte de 207 personan en Mocoa el pasado sábado. Pocas veces las vidas de las personas valen tan poco.

 ¿Se pudo evitar la tragedia de Mocoa? Difícil afirmarlo con certeza. Pero de lo que no puede quedar ninguna duda es que de haber seguido todas y cada una de las recomendaciones de los expertos del Himat en 1989 -entre ellas las de la ingeniera civil Ligia Valdes Tejada- seguramente el efecto de la avalancha hubiera sido mucho menor.