Una vez más el presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón, insistió ante el sector productivo del país en una máxima que parece que se convertirá en su eslogan de despedida, después de ocho años de Gobierno: “No hay motivos para el pesimismo. El país va muy bien y está mucho mejor de cómo estaba en 2010″.  Así se lo hizo saber a los asistentes al 20 Congreso de Naturgas en Cartagena.

” ¿Cuál es el mensaje que quiero transmitirles? El mismo que le hicimos saber a los amigos de la Andi hace unos pocos días en Bogotá: hoy tenemos una economía mucho más sólida que la que teníamos hace siete años”, afirmó el  Presidente ante los asistentes al Congreso de Naturgas.

“Los hechos son tozudos -dijo Santos-. Colombia es un ejemplo en su crecimiento social para América Latina. El año pasado la revista más importantes del mundo escogió a Colombia como el país modelo y ello es así porque no hemos dejado de crecer, pese a las dificultades que hemos afrontado, tanto naturales como coyunturales y de mercado. Nos tocó enfrentar a la peor Niña y al peor Niño de nuestra historia”.

Para Santos, estos resultados no son producto de casualidades, sino de decisiones politicas. “Las cifras son muy buenas, pero nos falta más. Sacamos a 5 millones de personas de la pobreza en estos siete años. Nadie lo ha hecho en América Latina. Nuestra economía es mucho mejor que hace siete años. Los mercados están diciendo Colombia es un país con futuro. A pesar de las dificultades”, declaró Santos, quien no puede ocultar su desconcierto por  su precaria favorabilidad en las encuestas, pese a los resultados que muestran sus dos mandatos.

Destacó los significativos avances en la “revolución silenciosa” que se ha llevado a cabo en su gobierno para que millones de personas puedan acceder a los servicios del gas natural.

En medio de su intervención, el Presidente cuestionó duramente a quienes critican su gobierno “con base en mentiras”. “Un Gobierno no es aquel que hace lo más popular, sino aquel que hace lo correcto, lo más responsable”, afirmó Santos.

“El Gobierno ha tenido que afrontar muchas mentiras por parte de quienes pretenden favorecer sus intereses políticos. En Colombia hay plena seguridad jurídica.  Aquí no hay políticas ‘castrochavistas’. El clima de inversión no se ha venido abajo. Nuestras cifras de inversión extranjera superan el 28 por ciento, es la misma que tenían los llamados Tigres Asiáticos. Él año pasado 13.600 millones de dólares entraron al país por concepto de nuevas inversiones. El doble de lo que había en 2010. No hay tal que no hay inversiones”, sostuvo Santos en tono enfático.

“Con los 115 billones de pesos, producto de las regalías de los últimos años estamos financiando las 4 G. No hay tal que vamos a darle la espalda al sector minero energético. Eso es confianza”, declaró Santos.

Destacó de igual manera los logros en materia de paz. “Recuerden como era este país hace unos años. No hay un solo soldado herido en los hospitales. Ni uno solo. El país recuperó su tranquilidad y ello debe generar más inversión”.

¿Buenos resultados y mala imagen?

Llama la atención que Santos con tan buenos resultados -como acaba de mostrar en el Congreso de Naturgas en Cartagena- tenga tan mala imagen y tan poco respaldo popular, como muestran las encuestas. Ninguna muestra una aprobación superior al 20 por ciento.

No deja de ser paradójico que el Presidente que logró firmar la paz con el grupo guerrillero más antiguo del mundo y que puso fin a un conflicto armado de más de 50 años, no cuente con una amplia aprobación en la población. 

De hecho su respaldo es similar al que tuvieron en sus peores momentos los presidentes Ernesto SAMPER y Andrés Pastrana. El primero por cuenta del proceso 8000 y el segundo por cuenta de los diálogos de paz con las Farc en la zona del Caguán.

La apuesta de Santos de negociar con la organización criminal más odiada por los colombianos era sin duda muy arriesgada, pues existía la posibilidad de que ese desprecio se le trasladara a quien se mostrara generoso con las Farc a “cambio de nada”. 

Es decir, a cambio de un castigo similar al daño causado. Todo lo que no quede enmarcado en esa premisa sería considerado impunidad. Ese costo político resultó demasiado alto para Santos. 

A ello se suma una oposición descarnada y cruda por parte de quien fuera su mentor político y hoy se ha convertido en su peor enemigo, el expresidente Álvaro Uribe Vélez y su partido el Centro Democrático. Es a Uribe a quien Santos se refiere cuando habla de “opositores mentirosos”.

Todo esto en medio de una estrategia de comunicación equivocada, que no le ha permitido capitalizar el mayor logró de un Presidente en la historia reciente del país. Santos sigue siendo un mandatario distante y “desangelado” que no logra conectarse con el grueso de la población. Sus gestos y su acercamiento a los más pobres lucen siempre impostados. 

Todo ello sumado es lo que hace que Santos muestre resultados,  pero no logra ganarse el respaldo popular.