¿Hay acaso una tragedia mayor que el hecho de quemil millones de personas en el mundo queden incomunicadas en esta era de las comunicaciones?  

Para los usuarios de la plataforma de mensajería instantánea WhatsApp, nada puede ser peor que no poder comunicarse con los demás usuarios por cerca de dos horas, como sucedió el pasado miércoles. Es decir, por cerca de dos horas mil millones de personas en todo el mundo no pudieron recibir ni enviar mensajes de ningún tipo, lo que produjo un caos monumental en las redes sociales.

 

WhatsApp fue adquirida por Facebook en Febrero de 2014 por una cifra cercana a los 19 mil millones de dólares y se trata de una de las plataformas de mensajería más populares en el mundo. Desde entonces ha sido sometida a todo tipo de ajustes encaminados a mejor él servicio y a hacerlo más eficiente y competitivo.

 

Quedarse, pues, sin el servicio de WhatsApp implica quedarse aislado del mundo. Desconectado de todo lo que ocurre a nuestro alrededor en materia de comunicaciones. De ahí el pánico generalizado que se presentó el pasado miércoles en horas de la tarde. 

 

El episodio sirvió para demostrar, una vez más, que las Redes Sociales llegaron para quedarse y que ya resulta imposible vivir al margen de ellas. Estar por fuera de las Redes Sociales significa vivir en las cavernas, en los socavones o en lo más profundo de la selva. No hacer parte de ellas es negarse a reconocer un hecho objetivo innegable. 

 

Que mil millones de personas en todo el mundo estén conectadas por WhatsApp demuestra que quienes están equivocados son aquellos que se niegan a participar del baile. Aquellos que no saben bailar es mejor que aprendan, pues en la pista hay cada día más personas disfrutando de la música. 

 

Negarse a bailar no es la mejor opción, cuando se trata de Redes Sociales. La mejor opción es dejar el temor, salir a la pista, buscar parejas y disponerse a bailar. En el caso de WhatsApp hay mil millones de personas bailando, mientras unos cuantos se dedican a verlos bailar. Y es indudable que es mucho mejor bailar que ver bailar.   ¿O hay alguien que piense lo contrario?

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