El país se prepara para afrontar una severa parálisis en varios sectores fundamentales, tanto sociales como económicos. 

La lista es larga y el rancho está ardiendo, como diría el inolvidable Marcos Pérez: Ministerios de Educación y Trabajo, ICBF, Inpec, camioneros, taxistas y hasta el departamento del Chocó, entre otros.

 

Para este jueves los educadores del país afiliados a Fecode anunciaron el inicio de un cese de actividades nacional, pues consideran que el Gobierno no les ha cumplido en lo que tiene que ver con la mejora de sus salarios y en la atención en salud.

 

Los educadores argumentan que en esas condiciones no tiene ningún sentido seguir laborando, el Ministerio de Educación alega, por su parte, que no cuenta con los recursos suficientes para satisfacer las exigencias de Fecode, pues no tiene plata en sus arcas.

 

 

Entre tanto, los empleados del Ministerio de Trabajo ya cumplen varios días de paro, también porque el Gobierno no les ha cumplido la promesa de mejorarles sus salarios.

 

La inactividad de los empleados empieza a sentirse en todo el país, mientras la nueva ministra de esa cartera, la liberal Griselda Yaneth Restrepo, termina de ocupar la silla que abandonó Clara López, quien ahora va por la Presidencia de la República.

 

En el sector transporte también se anuncian paros por parte de camioneros y taxistas.

 

Los primeros mantienen su inconformidad por la manera deficitaria en la que vienen trabajando sin que el Gobierno atienda sus solicitudes de mejoras en el pago de fletes, entre otras exigencias, mientras que los taxistas alegan que la competencia desleal por parte de Uber sigue sin resolverse.

 

El transporte es un sector productivo muy importante y cada parálisis suya se traduce en la pérdida de millonarios ingresos para la Nación.

 

Los 6.000 trabajadores del Inpec también anuncian parálisis, así como lo del ICBF, mientras que los habitantes del Chocó convocan a un paro cívico, cansados del eterno olvido oficial.

 

La pregunta que surge ante el reclamo justo de quienes aspiran a significativas mejoras salariales y sociales es: ¿De dónde piensa sacar el Gobierno la plata, si plata es lo que no hay? 

 

La olla está raspada, tanto es así que el Ministerio de Hacienda debió tramitar un reforma tributaria coyuntural para tratar de tapar el enorme hueco fiscal que causó la pérdida de ingresos por la caída de los precios del petróleo, pero también por el derroche gubernamental en algunos frentes, como el inmenso costo que tuvo la “socialización de la paz con las Farc”, que incluyó la celebración de cumbres con decenas de presidentes en Cartagena, el desplazamiento de delegaciones a varios países de Europa y la celebración de multimillonarios contratos con agencias de publicidad para “venderle” a los colombianos las bondades de la paz.

 

Entre dichas empresas está la de Roberto Prieto, uno de los mejores amigos del presidente Juan Manuel Santos, hoy en problemas por sus tratos con Odebrecht, cuando fue gerente de la campaña reeleccionista del hoy Presidente.

 

De manera que el Gobierno ya con el sol a sus espaldas, deberá prepararse para afrontar los agitados días que están por venir en materia de paros y protestas sociales.

 

El problema es que el tarro de mermelada se acabó, la chequera no tiene fondos y los bolsillos están vacíos.

 

En esas condiciones es muy poco lo que puede ofrecer, a los reclamantes, que no sean, como en el célebre bolero, promesas, promesas, promesas.