La temporada invernal llegó, un mes tarde, pero llegó, las lluvias de abril ahora caen en mayo, las imágenes nos muestran que varias carreteras del país se encuentran bloqueadas por los derrumbes, como ocurre en Antioquia y Norte de Santander.

El pasado fin de semana en Bogotá el llamado “Deprimido de la 94”, una de las obras más recientes de la capital de la República, que duró diez años para ser terminada y que sirvió para desembotellar el norte de la ciudad, se inundó debido al fuerte aguacero, que cayó y que se prolongó por varias horas.

El caos fue monumental y el hecho se prestó para todo tipo de burlas en las redes sociales, pues la tan esperada y promocionada obra de ingeniería no resistió el primer gran aguacero del año en la capital.

En Barranquilla, por su parte, las lluvias no sólo dejan un buen número de barrios sin luz eléctrica, por cuenta de que Electricaribe suspende el servicio apenas empiezan a caer las primeras gotas, sino que el caos vehicular que se forma imposibilita la movilización, a ello hay que sumarle el hecho inédito de la formación de nuevos arroyos o el incremento del caudal de otros que eran de baja intensidad.

La canalización de varios de ellos, que antes causaban estragos y muertes, como el de la 84, mejoró sin duda, el tráfico en este sector de la ciudad, pero llevó al incremento del caudal de otros que antes eran de menor intensidad, fenómeno que deberá ser atendido con prontitud por la administración distrital.

Pero la llegada de las lluvias también ha servido para evidenciar la falta de cultura ciudadana y de amor por Barranquilla por parte de quienes aprovechan la formación de los arroyos para arrojar a sus aguas todo tipo de basuras. El espectáculo triste y lamentable de ver pasar ante nuestros ojos muebles, colchones, sillas y electrodomésticos de todos los tamaños y colores, debe acabarse lo más pronto posible.

Ya está bueno de tanta tolerancia con quienes no son solidarios con todos los habitantes de la ciudad, si esos malos ciudadanos no aprenden a las buenas, pues tendrán que aprender a la malas: las cámaras instaladas en distintos barrios, así como las denuncias de los vecinos, deben servir para imponer sanciones y multas ejemplarizantes a los indolentes para de esta forma acabar con semejante comportamiento.

¿Porqué no ponerlos a barrer las calles y a limpiar las rejillas instaladas en los arroyos canalizados, que se taponan por cuenta de tanta basura acumulada?

Aunque más de uno pondrá el grito en el cielo por este “abuso” por parte de la administración y de las autoridades ambientales, lo cierto es que de alguna manera hay que acabar con esa conducta antisocial.

Como decían las abuelas a los nietos desaplicados: la letra con sangre entra, no hay otra forma, sobre todo, cuando todos estamos padeciendo las consecuencias de esa falta de solidaridad y de cultura ciudadana.

Editorial #ViviBarranquilla para Blu Radio