El expresidente César Gaviria es un hombre calculador y frío a la hora de tomar decisiones políticas. No es pasional. Todo lo contrario: es cerebral y metódico. Gaviria piensa muy bien lo que va a decir y se cuida mucho a la hora de expresar lo que ya pensó. Por eso es que su reciente declaración en la que hace un pedido a su partido para que escuche y conozca mejor a Humberto De la Calle –para que participe en una consulta interna que permita escoger el candidato liberal a la Presidencia– cayó muy mal dentro del partido del ‘trapo rojo’.

Y cayó muy mal porque la declaración de Gaviria fue interpretada como un respaldo abierto a De la Calle y una descalificación de los demás candidatos, entre ellos del senador Juan Manuel Galán, quien desde hace un año manifestó su deseo de ser el candidato y desde entonces desarrolla una campaña muy juiciosa dentro del partido. Galán está sentido, molesto e inconforme con las declaraciones del ex presidente, pues considera que rompió con la neutralidad que se requiere para garantizar una elección transparente del candidato del liberalismo.

“Gaviria perdió la neutralidad y en esas condiciones es evidente que tomó partido por De la Calle. Al ser juez y parte, ninguno de los demás candidatos tenemos garantías a la hora de competir”, sostiene Galán, cuyo nombre cuenta con respaldo, tanto en las bases del Partido, como en sectores parlamentarios. De hecho, en encuestas y sondeos de opinión –que tienen el propósito de conocer el respaldo de los posibles candidatos liberales a la Presidencia– Galán se ha impuesto a De la Calle y a los otros aspirantes, entre ellos el ex ministro Juan Fernando Cristo y el senador Luis Fernando Velasco.

El senador Galán está además sentido, molesto e inconforme con Gaviria porque considera que el expresidente no ha sido leal con quien en 1990 le entregó las banderas de su padre –el inmolado jefe liberal, Luis Carlos Galán– con las que llegó a la Presidencia de la República y quien lo propuso como jefe único del liberalismo hace más de un año.

La rebeldía de Galán no puede verse como un asunto menor, ni puede interpretarse como un “capricho o berrinche” del hijo mayor del fundador del Nuevo Liberalismo, quien en su momento se apartó de las directivas del liberalismo por considerar que no tenía garantías para llevar a cabo su proyecto político a comienzos de la década de los 80. El país tiene muy presentes las batallas que libró Luis Carlos Galán por depurar las costumbres políticas de un partido dominado por una clase dirigente corrupta en la que sobresalía el nombre de Alberto Santofimio Botero, entre otros.

¿A qué estaría jugando Gaviria al promover la candidatura de Humberto De la Calle, en detrimento de los otros aspirantes, entre ellos Juan Manuel Galán? Es evidente que Gaviria quiere darle continuidad a un proyecto político que tiene como principal bandera la negociación de paz con las FARC, en cabeza del presidente Juan Manuel Santos. Él ex presidente considera –como considera el propio Santos– que quien más y mejor conoce la letra menuda de los acuerdos es De la Calle. Lo mismo piensa el otro ex presidente liberal Ernesto Samper, aunque en su caso existe no solo una gran afinidad con el ex ministro Cristo, sino unas heridas no cicatrizadas, causadas por De la Calle por cuenta del proceso 8.000.

Pero es evidente que el frío, calculador, metódico y cerebral ex presidente Gaviria tiene otros intereses que van más allá de la paz con las Farc. Esos intereses tienen nombre propio: Simón Gaviria Muñoz, su hijo, actual director de Planeación Nacional, quien entraría a jugar en las grandes ligas de la política nacional, probablemente como fórmula vicepresidencial del candidato liberal. En ese sentido, la llave que más le conviene a Gaviria es la de De la Calle con Simón, pues le serviría para dejar por fuera de la carrera presidencial en un futuro a Galán y despejaría el camino de Simón a la Casa de Nariño. Pero, además, dejaría muy contento a Santos, quien con De la Calle tendría otro “caballo” corriendo por la Presidencia, mientras trata de armar el rompecabezas del partido de La U, cuyo desbarajuste también le está sacando canas.

En la búsqueda de ampliar el abanico liberal y con el fin de darle juego a quienes históricamente han tenido estrechos vínculos dentro del liberalismo, Galán considera que al ex vicepresidente, Germán Vargas Lleras, debería dársele la oportunidad de que participe en la consulta interna del Partido, que sería en marzo, para que de ahí salga un candidato único fortalecido.

Algo parecido ocurrió con el propio Santos, quien pese a ser toda la vida liberal lanzó su candidatura presidencial por un partido diferente, pero contó con el respaldo del liberalismo. Tanto Vargas Lleras como Santos han tenido antepasados que han ocupado la Presidencia por el Partido Liberal. El abuelo del primero –Carlos Lleras Restrepo– fue presidente de la República y el tío-abuelo del segundo –Eduardo Santos– también ocupó el Solio de Bolívar.

 

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