Es probable que a ustedes les suceda lo mismo que a mí con la compra de ciertos productos, cuyas bondades escucho con frecuencia en la radio o veo en televisión. Los que más abundan son aquellos que nos dicen que vamos a adelgazar la mayor cantidad de kilos en el menor tiempo posible. Los hay de todos los colores y sabores: cremas, jarabes, pastillas, cápsulas, fajas y todo tipo de accesorios. La oferta viene acompañaba de una modelo de cuerpo escultural, que a su vez aparece en una fotografía de varias semanas atrás, cuando la joven tenía más llantas que una tractomula. En la versión para las damas, la modelo es remplazada por un joven cuyo abdomen parece una chocolatina Jet, por la gran cantidad de cuadritos que tiene. De inmediato tu piensas: si ellos pudieron yo también.

Pues no: no vas a poder. Y no vas a poder porque eso que estás viendo es mentira. Nadie baja ocho kilos en 15 días. Nadie. Ni los profesores que llevan más de un mes aguantando hambre, esperando que Santos los atienda cinco minutos, enflaquecen alimentándose a punta de agua. Ellos lo que si van a perder es el tiempo esperando que Santos los atienda.

Pero mientras usted gana kilos en la barriga, pierde pelos en la cabeza. Es Ley de la naturaleza. Pero ese problema también tiene solución: cómprese esa loción capilar y ese ungüento que huele a micos y verá como en dos semanas tendrá una melena más frondosa que la de Tarzan. Aunque los dos productos valen lo mismo que una lavadora, usted hace un esfuerzo y compra tanto la loción capilar como el ungüento. Y lo primero que hace es cambiar el espejo del baño que está demasiado sucio y seguramente no dejará que usted aprecie cada 60 minutos la evolución del tratamiento. Luego compra un ambientador para el apartamento, porque lo del olor a micos del ungüento es en serio. Y empieza el tratamiento con la disciplina de un soldado espartano.

Cada 60 minutos se mira al espejo con la esperanza de que la “zona despejada” empiece a mostrarse tan poblada como la testa de Falcao.

Pues no: olvídese de tener más pelo que El Pibe Valderrama a punta de lociones capilares y ungüentos. No existe la menor posibilidad de que ello ocurra. El pelo que se va no vuelve. ¡Entiéndelo! Es una estafa. Ahorra para la lavadora, que esa si es una buena inversión.

Es pura publicidad engañosa. Te venden el jabón que quita las manchas y es mentira. Y también la crema dental que deja tus dientes relucientes y es mentira. Y te venden -claro- al candidato que te dice que te dará empleo, que te subirá el salario, que te bajará las semanas de cotización para que te puedas pensionar, que le dará Educación y Salud gratis a tus hijos y te construirá puentes y carreteras y todo eso es mentira. ¡Entiéndelo! Es pura publicidad engañosa para que tú votes por él o por ella. Pero después que votas y los eliges descubres que -como el ungüento que huele a micos- ninguna de sus supuestas virtudes son ciertas. Es pura publicidad engañosa.