Todo Estado debe saber defenderse. Su vulnerabilidad lo convierte en un Estado fallido, incapaz de garantizar su seguridad estratégica, así como la integridad y la vida de quienes viven bajo su amparo. Un Estado debe estar preparado para defender su integridad territorial, así como la de aquellas unidades militares y policiales que puedan garantizar una respuesta inmediata y contundente ante una agresión extranjera o interna. Dicha defensa es asumida por los llamados Organismos de Seguridad del Estado, entre ellas la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), entidad que remplazó al DAS. De igual manera cumplen una función fundamental en la defensa del Estado -en el caso colombiano- las direcciones de Inteligencia y Contrainteligencia tanto de las Fuerzas Militares, como de la Policía Nacional. Lo mismo ocurre con la Fiscalía General de la Nación.

 

La negociación de paz con las Farc llevó al Gobierno Nacional, en cabeza del Jefe del Estado, Juan Manuel Santos, a replantear las funciones de los organismos de seguridad del Estado, que representaban un “peligro” para los diálogos de paz, así como para quienes decidieran reintegrarse a la vida civil, según plantearon los jefes guerrilleros en La Habana. En realidad, dicho replanteamiento se convirtió en un “desmantelamiento” de todos los organismos dedicados a la defensa del Estado, como sostienen oficiales tanto del Ejército como de la Policía. Nadie está cumpliendo esa función con la eficacia y eficiencia que merece.

 

Estamos en presencia de un Estado vulnerable como nunca antes. Prueba de ello es que casi 72 horas después del atentado terrorista al Centro Comercial Andino de Bogotá, ningún organismo de seguridad del Estado ha sido capaz de dar una versión consistente sobre los autores de la acción criminal, a pesar del llamado que hiciera el presidente de la República, Juan Manuel Santos, de dar con el paradero de los autores intelectuales y materiales de la acción criminal.

Lo qué hay son puras conjeturas e hipótesis carentes de sustento probatorio. El Presidente ha dicho -48 horas después de los lamentables hechos- que las investigaciones “van en la dirección correcta”, mientras funcionarios de la Alcaldía Mayor de Bogotá afirman que no descartan “a ningún grupo armado ilegal” como posible autor del atentado.

 

¿Qué está pasando con los organismos de seguridad del Estado colombiano? ¿A qué se dedican? ¿Qué pasó con la inteligencia humana, que muchas veces ayudó a evitar atentados terroristas como el de la semana pasada en Bogotá? ¿Qué pasó con los organismos encargados de velar por la seguridad estratégica del Estado colombiano? ¿Cómo es posible de después de cuatro días de ocurrido el hecho criminal del Andino ningún organismo de seguridad del Estado tenga en su poder información confiable que le permita elaborar una hipótesis consistente acerca de los autores intelectuales y materiales de la acción terrorista? ¿Así de mal estamos en materia de inteligencia?

 

Hacer este tipo de cuestionamientos a los organismos de seguridad del Estado no nos convierte en “enemigos de La Paz”. Todo lo contrario: precisamente porque queremos un Estado colombiano fuerte es que hacemos este llamado a quienes están al frente de la seguridad estatal para que redoblen esfuerzos y muestren resultados contundentes que nos permita a 47 millones de colombianos poder dormir tranquilos, algo que un Estado débil y vulnerable no nos garantiza.