La celebración por el regreso de Teo Gutiérrez al Junior estuvo a punto de terminar en tragedia. La multitud que acompañó al ídolo en el Estadio Metropolitano “Roberto Meléndez” desbordó los cálculos más optimistas: cerca de 50 mil personas llegaron desde bien temprano para recibir al goleador en su tercer regreso al equipo. Pese a los controles de la Policía y al buen comportamiento de la inmensa mayoría de los asistentes, hubo aficionados que pretendieron ingresar a la fuerza y sin respetar los turnos de quienes llegaron mucho antes que ellos. Ese tipo de abusos no sólo alteran el buen ánimo de las demás personas, sino que se prestan para el caos y el desorden, pues nadie está dispuesto a que un grupo de “aviones” y avivatos pretendan pasar por encima de la mayoría.

En una de las tribunas del estadio, una baranda cedió ante la cantidad de hinchas y también estuvo a punto de ocurrir una tragedia.

Pero los hechos más lamentables tuvieron de nuevo como protagonistas a quienes desfogan su frustración y su ira contra los pasajeros y los buses de Transmetro, como si ellos fueran los responsables de lo que les acontece. O peor: ¡como si Teo Gutiérrez fuera el culpable de su desgracia!

¿Cuál es la razón que lleva a estas personas -muchas de ellas jóvenes- a emprenderla contra quienes viajan en un bus de servicio público, que está al servicio de todos los barranquilleros? Ayer hubo dos personas lesionadas y tres vehículos averiados. ¿Porqué la tienen que emprender contra Transmetro? El motivo es lo de menos: si el Junior gana, entonces atacan los buses para celebrar y si el Junior pierde, también los levantan a piedra para protestar. Y lo peor: ayer -que no jugaba Junior y que lo que había era la celebración por el regreso de Teo al equipo- también destrozaron varios vehículos.

Es evidente que estamos en presencia de un comportamiento que amerita un análisis mucho más profundo, que tiene que ver con una serie de resentimientos, producto de la carencia de oportunidades para este grupo de personas. Es decir, la violencia que presenciamos -y que condenamos- es la consecuencia y no la causa de un fenómeno social que debemos enfrentar como sociedad.

Mientras no mejoremos -entre todos- las condiciones de vida de quienes encuentran en la violencia su mejor herramienta para hacerse sentir y expresar su inconformidad, resultará muy difícil afrontar y superar el problema.

En esa carencia de oportunidades de todo tipo, tanto sociales como laborales, entre otras, radica buena parte del resentimiento que se expresa de forma violenta contra los buses de Transmetro y contra sus ocupantes.

Ahora bien, no se trata de justificar el comportamiento criminal de quienes ponen en peligro la vida de las personas y destrozan bienes de uso público. Todo lo contrario: quienes así se comporten deben ser sancionados y castigados con todo rigor. Pero un esfuerzo mayor por parte de todos los ciudadanos -incluyendo, obviamente, a las autoridades civiles y policiales- para entender la complejidad del asunto nos ayudaría a encontrar la mejor solución.