El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de responderle de forma grosera y descomedida a un par de periodistas que osaron atreverse a cuestionar su comportamiento abusivo contra todo aquello que considere oposición. No es la primera vez que Trump arremete contra quienes lo cuestionan. Está visto que el presidente estadounidense presenta un alto nivel de intolerancia a la crítica. Al magnate no le gusta que le lleven la contraria.

 

Llama la atención que una persona con tan poca resistencia a la crítica haya decidido ser presidente de Estados Unidos, donde la prensa es particularmente acuciosa con sus gobernantes. Y Trump no ha sido ni será la excepción. Es más a Trump lo auscultarán con mayor rigor, porque tiene un rabo de paja más grande que el de todos sus antecesores. Trump es un hombre de negocios. O mejor: un hombre de negocios que hace política y es un político que hace negocios. Y eso -negocios- fue lo que el ex presidente de Miss Universo hizo en Rusia con Putin y sus amigos, muchos de los cuales también hicieron negocios en Estados Unidos.

 

Como en las películas de terror, en esta el suspenso ha venido creciendo. Trump sabe muy bien que en ese pasado reciente de “hombre de negocios” hay manchas que podrían -inclusive- costarle la Presidencia de Estados Unidos. Y la prensa en su gran mayoría está dispuesta a dejar en evidencia el verdadero rostro del hombre más poderoso del Planeta. Esta es una guerra de paciencia y de largo aliento.

 

El presidente estadounidense todos los días adopta nuevas medidas restrictivas contra los medios de comunicación y estos a su vez cada día aportan nuevos datos de las estrechas relaciones de Trump con sus socios y amigos rusos. Varios de los medios han conformado unidades de investigación con sus mejores redactores y editores dedicadas, quienes se dedican de forma exclusiva a investigar estos vínculos y sus implicaciones políticas en la actual administración.

 

De manera que debemos armarnos de paciencia para esperar el desenlace de esta batalla campal. Está visto que aquí no habrá ni tregua ni mucho menos reconciliación. Las partes no cederán un milímetro. ¿Quién se impondrá? Eso nadie lo sabe. Pero -en el caso de los medios de comunicación- lo único que no pueden dejar de hacer es vigilar el comportamiento del hombre más poderoso de los Estados Unidos, aunque ello les cueste ser perseguidos y hasta censurados.