La fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega, está a punto de ser destituida por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). ¿Su pecado? Atreverse a retar al régimen chavista, encabezado por Nicolás Maduro, al afirmar que la Constituyente convocada por el Gobierno es inconstitucional y no debe ser respaldada por el pueblo.

La valiente posición asumida por Ortega fue interpretada por el TSJ -máxima autoridad judicial de Venezuela, que está bajo el dominio chavista- como un desafío al régimen y en las últimas horas procedió a nombrar como Vicefiscal General a Katherine Harrington, una amiga del Gobierno, para que suceda a Ortega, una vez esta sea destituida, como en efecto sucederá en los próximos días.

Ortega es la funcionaria de más alto nivel que se ha atrevido a retar a Maduro y a los demás integrantes de la cúpula chavista que hoy controla a Venezuela. Pero es también más chavista que el propio Maduro. Ella estuvo al lado de Chávez mucho antes de que el actual presidente de Venezuela y Diosdado Cabello llegarán al lado del “comandante” para sacar provecho personal de la llamada Revolución del Siglo XXI. Es decir, Ortega sí está en capacidad de producir una profunda fractura dentro del chavismo, pues hay muchos chavistas inconformes con las atrocidades cometidas por Maduro y con la descarada corrupción de muchos de los voceros del régimen, entre ellos el propio Cabello.

Ese es el temor de Maduro y sus secuaces. Por eso la emprenden ahora contra la Fiscal General, valiéndose de un tribunal de pacotilla, que tienen a su servicio. Ya el régimen chavista venezolano se quitó la careta y va con todo contra aquellos que se atrevan a cuestionar sus tropelías, como es el caso de la fiscal Ortega.

Ahora más que nunca Venezuela requiere que el mundo en general y América Latina en particular escuche su clamor. No es suficiente que algunos países -como Colombia- se limiten a expresar tímidamente su “preocupación” con lo que acontece en el vecino país. Se requiere de una cruzada mundial para devolverle a Venezuela sus valores democráticos perdidos al caer en manos de una horda de salvajes, como Maduro y compañía.

Ya se le ha concedido al régimen chavista demasiadas gabelas.¿Cuántos estudiantes asesinados se requiere? ¿Cuántos líderes políticos encarcelados se necesitan? ¿Cuántos crímenes deben cometer la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía? ¿Cuántos crímenes por orden de Maduro y compañía deben ejecutarse para que sean juzgados por los tribunales internacionales?

La destitución de la fiscal Luisa Ortega por parte del TSJ de Venezuela -a todas luces arbitraria e ilegal-podría convertirse en el detonante que lleve a ese país a una confrontación armada generalizada, cuyas consecuencias son impredecibles. Está visto que pedirle a Maduro un poco de cordura es perder el tiempo, porque lo domina el odio y la ambición. Ante esta nueva circunstancia lo único que debemos hacer los demócratas del mundo es no dejar sola a la Fiscal Luisa Ortega, que es la mejor manera de no dejar sola a Venezuela.