Como si a Colombia le hiciera falta una polémica más, la junta directiva del Festival de la Leyenda Vallenata decidió por unanimidad homenajear en su versión 51 del próximo año a Carlos Vives por sus aportes al folclor y por ser un gran exponente de nuestra música más representativa.

De inmediato surgieron voces que se oponen a esa decisión. Hay quienes alegan que dicho homenaje debería recaer en otros grandes intérpretes y compositores, como Alfredo Gutiérrez -tres veces Rey Vallenato- o en el mismo Jorge Oñate, cuya exitosa trayectoria merece un reconocimiento por parte del Festival. Unos y otros tienen razón: tanto Alfredo Gutiérrez como Jorge Oñate merecen una distinción por hacer más grande nuestra música. Pero también -digo yo- es hora de pensar en un Adolfo Pacheco, un Gustavo Gutiérrez o un Camilo Namen, entre otros juglares cuya vida y obra también debe ser exaltada. Pero en esta oportunidad la Junta Directiva del Festival decidió que fuera Carlos Vives. Y está bien que así sea. Carlos Vives contribuyó a darle al Vallenato la bocanada de aire fresco que necesitaba con urgencia.

De sus manos -y con los Clásicos de la Provincia 1 y 2 como bandera flameante- el Vallenato alcanzó la talla internacional que le hacía falta. La Gota Fría llenó la Plaza Roja de Moscú, La Brasilera atiborró Cibeles en Madrid, La Colegiala desbordó el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México y Alicia Adorada y Matilde Lina llevaron multitudes al Obelisco de Buenos Aires.

Pero Carlos Vives también les dio vida a nuestros juglares, que agonizaban en sus ranchos esperando unas regalías que jamás llegaban. Vives convirtió en millones lo que antes eran centavos. Pregunten a cada uno ellos -o a sus herederos- cuanto dinero les llegó por cuenta de la versión moderna de sus canciones.

Carlos Vives entendió la dimensión universal del Vallenato, algo que muchos sabían pero ninguno había encontrado la fórmula para poder expresarlo. Con La Provincia -su grupo- Vives lo logró. Para ello contó con quienes podrían considerarse los mejores intérpretes de los instrumentos que conforman un conjunto Vallenato, empezando por el Rey, Egidio Cuadrado, cuyo aporte ha sido fundamental para mantener la esencia de nuestra música, sin que ello signifique dejar de lado la innovación que se requiere para llegar a nuevos auditorios y nuevos mercados.

Es evidente que en la música Vallenata existen muchos juglares que merecen ser homenajeados por el Festival. Y así será, estoy seguro de ello. Pero Carlos Vives también dignifica y honra -¡y de qué forma!- nuestra música. Ojalá Rafael Escalona, Emiliano Zuleta, Leandro Díaz, Juancho Polo Valencia, Luis Enrique Martínez y el mismísimo Alejandro Durán, pudieran hablar para que escucháramos de sus labios su respaldo -pleno y absoluto- a la escogencia de Carlos Vives para ser homenajeado el próximo año en Valledupar. Bienvenida, pues, la controversia, pero que nadie ponga en duda el enorme aporte de Carlos Vives al Vallenato.