¿Qué hacer con un seguidor en redes sociales que se dedica las 24 horas del día a insultarte y fastidiarte? ¿Cómo debes comportarte con quien no tiene otro oficio distinto al de injuriarte y vilipendiarte? ¿Cuál debe ser tu proceder con alguien que no tiene ninguna intención de sostener contigo un debate con argumentos? ¿Estás obligado a leer todos los días sus sandeces y -peor- responderlas con buenos modales y refinada educación? ¿Cómo debes proceder, tú que te has jactado -hasta hoy- de ser la persona más paciente sobre la faz de la tierra?

 

Estas son algunas de las preguntas que por estos días circulan en las redes sociales y son objeto de debate en los medios de comunicación, cuyos directivos buscan con desespero la mejor convivencia con estos nuevos vecinos que llegaron para ocupar un espacio en las salas de redacción.

 

Las respuestas a los interrogantes no son nada fáciles. La más usual es la proceder a bloquear a todas aquellas personas que utilizan la procacidad para descalificar a quienes no están de acuerdo con su pensamiento. Y la razón para ello es muy simple: nadie puede obligarme a conversar con alguien que lo único que hace es insultarme y con quién -está visto- no puedo tener ninguna interlocución. Curiosamente, ese proceder es considerado por algunos expertos en redes sociales como una “grosería” por parte de quien bloquea a los seguidores groseros o irrespetuosos.

 

Hay también quienes recomiendan utilizar recursos o herramientas para simplemente “silenciar” a los iracundos seguidores, sin que ellos se den cuenta de la decisión que se ha tomado, algo que no sucede cuando la persona ha sido bloqueada.

 

Por estos días circula en las redes sociales de manera jocosa informes relacionados con el surgimiento de un “club de bloqueados” por parte del ex presidente Álvaro Uribe, quien decidió bloquear al ex jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana y futuro candidato presidencial, Humberto De la Calle. Desde hace un tiempo Uribe tomó la decisión de no recibir ningún tipo de información que provenga de quienes se dedican a atosigarlo con insultos y comentarios ofensivos, que -obviamente- no sería el caso de De la Calle, quien se ha caracterizado por las buenas maneras y el respeto en el trato a sus interlocutores.

 

Llama la atención que los personajes que se quejan de haber sido bloqueados por Uribe -distintos a De la Calle- son los mismos que a su vez bloquean a quienes los insultan a ellos. Es decir, ellos también tienen su propio “club de bloqueados”, lo que demuestra que el asunto es muy complejo de manejar.

 

En Estados Unidos, la Justicia está a punto de obligar a Donald Trump a no bloquear a ningún seguidor en las redes sociales, lo que sería uno de los fallos más trascendentales en la historia de los medios de comunicación de ese país. La razón para esa decisión es muy simple: Trump es el Presidente de los Estados Unidos y está obligado a escuchar a todos sus gobernados, aún a los más intolerantes y groseros. Esa responsabilidad hace parte de sus funciones.

 

Cuando se trata de particulares, el asunto es mucho más sencillo: nadie está obligado a escuchar todos los días los insultos de esas especies de “Niñas Tulia”, célebre personaje de David Sánchez Juliao, que presenciaba la pelea entre dos vecinas de Lorica, quienes se insultaban “de pretil a pretil” y no veía la hora de meterse en el “combate”. Hasta que una de ellas -al verla tan ansiosa- le dice: “Niña Tulia, tranquila que esta pelea no es con usted”. No había terminado de hablar la “pugilista”, cuando la Niña Tulia le ripostó de inmediato: “Más hijueputa eres tú, que tu hija se fue pa’ Pereira a repartírsela a los cachacos…”.

 

De manera que nadie tiene la obligación de tener interlocución con las “Niñas Tulia” que pululan en las redes sociales, especialmente en Twitter y Faceboock, que terminaron convertidas en cuadriláteros de boxeo, donde llueven los insultos, las ofensas, las injurias y las calumnias. Es mi caso: las “Niñas Tulia” se van de bloqueo y nadie podrá obligarme a escuchar sus insultos y groserías en las redes sociales.