La votación del Plebiscito de ayer en contra de la Asamblea Constituyente, que ha sido convocada por Nicolás Maduro, es inobjetable y contundente: 7.2 millones de venezolanos no sólo rechazaron la iniciativa, sino que le exigieron a la Fuerza Armada Nacional (FAN) que respete la Constitución y respalde la Asamblea Nacional (AN), elegida por el pueblo. De igual manera, el triunfo democrático de la oposición venezolana, obliga a Maduro y a toda la dirigencia chavista -encabezada por Diosdado Cabello- a buscar una salida que permita un gobierno de transición de unidad nacional. Es decir, Venezuela debe hacer el tránsito de una dictadura disfrazada de democracia, hacia una verdadera democracia con plenos derechos para toda la población.

Con el resultado demoledor de ayer, Maduro debe olvidarse de su embeleco de una Constituyente, que lo único que busca es perpetuar el régimen chavista, mediante el otorgamiento de plenos poderes a un mandatario que ha dado muestras suficientes de brutalidad e ineptitud. Insistir en ella sería interpretado como un acto de provocación, cuyas consecuencias son impredecibles.

Maduro fracasó como gobernante. En sus manos murió el que llegó a ser considerado el proyecto político, social y económico más ambicioso de América Latina, después de la revolución cubana. La Revolución del Siglo XXI ha dejado de existir y desde ayer comenzó la “Hora Cero” de Venezuela hacia una verdadera democracia.

Ayer los venezolanos ejercieron su derecho a desconocer a un mandatario déspota, autoritario y carente de los mínimos valores democráticos. El mundo presenció este domingo el mayor acto de “Desobediencia Civil” de un país contra un Gobierno. Y ese derecho es legítimo y está contemplado en el artículo 350 de la propia Constitución venezolana.

Pero el triunfo del SI en el Plebiscito también debe servir para que tanto el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) como el Consejo Nacional Electoral, los otros dos poderes controlados por Maduro y abiertamente serviles al chavismo, tomen nota y entiendan que el mandato popular debe respetarse. Ayer ocurrió un “hecho político” que ningún poder venezolano debe desconocer. Ese inobjetable triunfo se logró en contra de la voluntad del TSJ y del CNE, quienes hasta última hora se opusieron a la realización del Plebiscito.

De manera que Venezuela habló y lo hizo con contundencia. El “bravo pueblo” hizo sentir su voz y Maduro y sus aliados están obligados no solo a escucharla, sino -sobre todo- a acatarla.