En medio de tantas muestras de intolerancia y hasta de odios si se quiere, tanto a nivel nacional como local, debemos resaltar un hecho que muestra que si es posible avanzar en la reconciliación y la superación de los conflictos mediante el entendimiento y el diálogo constructivo. 
Acaba de ocurrir en Barranquilla con el fin de la “guerra” entre los jóvenes pandilleros de los barrios La Chinita y La Luz, quienes hasta hace muy poco se mataban entre ellos, por cuenta de la invasión de una de las llamadas “fronteras invisibles” qué hay en algunos sectores del suroriente de la ciudad.

De acuerdo con las estadísticas de las autoridades, en los últimos años hubo más de 40 muertos en dichas riñas. La mayoría de ellos jóvenes de muy escasos recursos económicos, así como algunos adolescentes que nada tenían que ver con la “guerra entre las pandillas”, pero que tuvieron la desgracia de encontrarse en el lugar equivocado.

La situación llegó a tal grado de intolerancia que el centro de salud -Camino- construido por la Administración Distrital, para que prestara su servicio a los dos barrios y que cuenta con modernas instalaciones y equipos, estaba siendo subutilizado debido al miedo que tenían los habitantes del sector de morir en uno de los enfrentamientos.

Mientras el Camino de La Chinita y La Luz estaba desocupado, el del barrio Simón Bolívar -aledaño a ellos- permanecía congestionado.

Dicha situación extrema y absurda, llevó a la Administración a buscar una salida al problema. Fue así como se puso en marcha el programa “Paso a Paso sin fronteras”, que busca la superación del conflicto mediante el diálogo y que en este caso permitió que los habitantes de ambos barrios pudieran acceder a los servicios de un moderno Camino, sin que pongan en riesgo sus vidas. Al frente de la iniciativa está la secretaria de Salud de la Alcaldía de Barranquilla, Alma Solano, quien ha contado con la colaboración de toda la comunidad, entre ellas las iglesias cristianas del sector.

Los resultados son evidentes: en los últimos tres meses se ha incrementado la atención a los pacientes de La Chinita y La Luz en un 40 por ciento, mientras que se ha descongestionado en los centros asistenciales vecinos. Mientras tanto, cerca de 100 jóvenes ex pandilleros son atendidos para que dejen de una vez por todas la delincuencia, las droga y el alcohol y se reincorporen a la sociedad.

Sería muy bueno que este programa piloto se replicara en toda la ciudad, en especial en aquellos barrios más deprimidos, donde aún existen las llamadas “fronteras invisibles”, que han causado centenares de muertos. Barranquilla no puede ser una ciudad con “fronteras invisibles”. 

Todo lo contrario: debe ser una ciudad sin “muros invisibles”, que crean barreras que excluyen y discriminan a un buen número de sus habitantes. Derribar esos muros y acabar con esas “fronteras invisibles” es tarea de todos.