“Ya no tengo odio ni rencor , por más daño que me haya causado”. Con estas palabras llenas de sinceridad y hasta de afecto, Alexis Viera, ex arquero del América de Cali, se refiere a Ánderson, un joven que hace algunos años le disparó a quemarropa con una pistola, le perforó un pulmón, le destrozó varias vértebras y le afectó casi la totalidad de la médula espinal.

Después del atentado -ocurrido durante un atraco en una calle de Cali, mientras aguardaba en su carro el cambio de semáforo- el arquero uruguayo duró dos días en estado de coma. Cuando recuperó la conciencia los especialistas que lo atendieron le pronosticaron que jamás volvería a caminar. Pero sus deseos de vivir y su voluntad inquebrantable le permitieron no sólo abandonar la silla de ruedas, sino volver a caminar. Viera es un sobreviviente, pero es -sobre todo- un hombre con una capacidad infinita para perdonar.

Hace pocos días llegó en muletas hasta la cárcel de Cali a verle la cara a su sicario, no para reprocharle su acción criminal, sino para decirle que lo perdonaba y que estaba dispuesto a ayudarlo. “Le hablé como si fuera mi hijo y me dio lástima que alguien tan joven se perdiera como lo hizo él. Le tendí la mano y le dije: quiero que trabajes a mi lado. A ti te gusta el fútbol y quieres ser técnico, cuenta conmigo que yo te ayudo”.

El testimonio de Viera al programa Valientes de RCN Televisión y a la Revista Semana es conmovedor y habla de la nobleza que hay en su corazón.

El perdón es una decisión individual y voluntaria. Nadie está obligado a perdonar. El perdón tampoco se decreta, así haya decretos que hablen de perdonar. El perdón nace desde lo más profundo del ser humano. El perdón sana y libera. Viera perdonó a Anderson y hoy lo ayuda para que “limpie su corazón” y sea una persona de bien en el futuro.

“Yo antes dudaba de la existencia de Dios -dice Viera- pero cuando estaba tirado en el piso, muriéndome en frente de mi familia, después de recibir dos tiros, le pedí a Dios que me permitiera ver crecer a mis hijos, porque no me quería morir. Él me dio la oportunidad de vivir. Por eso cuando desperté del coma, ya en mí no había odio ni rencor”.

¿Es posible perdonar a quien nos ha causado daño? El ejemplo de Viera -y el de tantos otros- indica que sí. Él perdonó a quien acabó con su carrera como futbolista profesional y estuvo a punto de matarlo. Hoy abraza a su sicario y le ayuda a sanar su corazón. En ese espejo también es bueno que nos miremos los colombianos, mucho más en estos tiempos de intolerancia y odios.