El Partido de La U es en términos automovilísticos un Ferrari. Es decir, uno de los carros de gama alta más exclusivos del mundo y el que todos quisieran –¡quisiéramos!– manejar. Pero para ser más exactos, hay que decir que La U modelo 2017 es un Ferrari, pero estrellado. O mejor: un Ferrari hecho trizas, para utilizar una palabra muy empleada en estos tiempos. La U sigue siendo un Ferrari, pero inútil, que es lo mismo que tener un Simca modelo 67 guardado en el garaje.

Cuando el Partido de La U prendió motores en noviembre de 2005, lo hizo bajo la orientación del entonces presidente Álvaro Uribe, quien aspiraba a la reelección. A ese Ferrari cero kilómetros le pusieron el pomposo nombre de Partido de la Unidad Nacional, pero a nadie en Colombia se le ocurrió que la letra U, significaba Unidad: todo el mundo pensó –y piensa– que la U significa Uribe. Por cuenta de ser el
“Partido de Uribe”, al año siguiente La U se convirtió en un verdadero fenómeno político. Uribe barrió en las elecciones y el partido se quedó con las mayorías en el Congreso.
En las presidenciales de 2010 el Ferrari cambió de piloto. Uribe se bajó del lujoso carro y le entregó las llaves a Juan Manuel Santos –que no era el conductor elegido, puesto que esa responsabilidad había sido asignada al ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, mejor conocido como ‘Uribito’– pero las investigaciones de Agro Ingreso Seguro (AIS) dieron al traste con su candidatura presidencial. 
Santos se subió entonces al Ferrari en 2010 y los resultados volvieron a ser espectaculares. Ganó las elecciones en la segunda vuelta con más de 9 millones de votos y La U sacó 28 senadores y 48 representantes a la Cámara. La potencia del motor del Ferrari quedó demostrada una vez más.
En las presidenciales de 2014, el Ferrari siguió bajo la conducción de Santos, pero el creador del exclusivo automóvil se había inventado otro carro, al que llamó Centro Democrático, con el propósito de medir fuerzas con el Ferrari de Santos, a quien ya consideraba traidor. El Ferrari de Santos volvió a ganar, pero no mostró las fortalezas de 2010 y el motor empezó a evidenciar lo que los expertos llaman ‘fatiga de metal’, que no es otra cosa que el desgaste por el uso. O por el mal uso del vehículo.
Santos ganó en la segunda vuelta, al derrotar a Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático de Uribe, con una votación superior a los 7 millones. La U volvió a ser la primera fuerza electoral con 21 senadores y 37 representantes a la Cámara. Hasta último momento estuvo peleando la curul 21 de Senado con el Centro Democrático. Además, las más altas votaciones del país en las parlamentarias la sacaron dos senadores de La U: Musa Besaile y Bernardo ‘Ñoño’ Elías, ambos de Sahagún, Córdoba. El primero obtuvo 145.000 votos, y el segundo, 140.000. La U disfrutaba de las mieles de la ‘Ñoñomanía’, que en ese momento desfilaba triunfante en el Ferrari por todas las carreteras del país a una velocidad de más de 200 kilómetros por hora. La paloma blanca de la paz aparecía al lado del Cavallino rampante (caballo rampante), símbolo de la exclusiva marca italiana.
Pero a pesar de tantos triunfos, en las presidenciales de 2018 el poderoso Ferrari de La U no competirá. Lo estrellaron –lo volvieron trizas–; sus actuales copilotos –Armando Benedetti y Roy Barreras– acaban de meterlo al taller para tratar de salvarle algunas piezas. Pero lo cierto es que la poderosísima máquina electoral que fue La U quedó inservible. 
Pasó lo que nadie pensó: que el Ferrari –el carro más exclusivo en materia electoral en Colombia– lo estrellaron. Ni siquiera Juan Carlos Pinzón –que había sido entrenado por el propio Santos para que se pusiera al frente del timón– se le midió al reto. Prefirió quedarse sin carro, al menos por ahora, mientras recorre el incierto camino de la recolección de firmas para inscribir su candidatura presidencial. 
De manera que contra todo pronóstico, La U, el partido del Presidente, no tendrá candidato, algo inédito en la historia reciente del país. La decisión la tomó el propio Santos, quien le pidió las llaves del Ferrari a Roy Barreras, que soñaba con conducirlo a partir del próximo año. Pero Santos le dijo esta semana: deme las llaves, joven, que usted no está en condiciones de manejar.
En otras palabras, el próximo año el Ferrari de La U no volverá a la Casa de Nariño después de 12 años de haber estado estacionado en la puerta del Palacio presidencial. Quedará arrumado en un taller de reparación y con muy pocas posibilidades de que vuelva a participar en futuras carreras presidenciales. Santos acaba de nombrar al ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, para que lo cuide, en calidad de director del Partido. ¿Qué pasó? ¿Quiénes deben responder por haber  estrellado el Ferrari de La U?            Seguir leyendo – click aquí