Hace bien la comunidad internacional en desconocer ese remedo de Asamblea Constituyente elegida ayer en Venezuela. Ese sainete montado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello no merece ningún tipo de aprobación. La razón para ello está bien definida, desde el mismo instante en que Maduro desconoció la voluntad del pueblo venezolano y la convocó por decreto. La Constituyente de ayer carece de legalidad y de legitimidad. No es legal y no es legítima. Es, como bien lo dijo el presidente Juan Manuel Santos, al anunciar que desconocería su resultado, una “Constituyente espuria”, es decir, bastarda, engañosa, ilegítima, apócrifa, falaz…Nada de lo que anoche anunció la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, Tibisay Lucena, resiste el menor análisis. Ni el supuesto 41,53 por ciento de participación de los votantes, ni mucho menos los presuntos 8 millones de votos obtenidos por el régimen chavista como respaldo a los Constituyentes elegidos. Lo que presenciamos ayer -pese a las aberrantes restricciones aplicadas a los medios de comunicación independientes, así como a las redes sociales- fueron salones desolados y ausencia de votantes en las calles. ¿Dónde estaban esos ocho millones de votantes? ¡En las urnas no estaban! Vimos, eso sí, a una Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y a una Policía Nacional Bolivariana (PNB), atacando a mansalva a los opositores, quienes debieron defenderse ante la agresión infame y despiadada por parte de aquellos que están llamados a defenderlos. A la postre, las elecciones de ayer en Venezuela dejaron un saldo de 16 personas muertas.

Ningún país del Planeta que se considere democrático aprobará lo ocurrido ayer en Venezuela, pues lo que sucedió fue un golpe de Estado disfrazado de consulta popular. Maduro, Diosdado y sus aliados ya se quitaron la careta y ahora van a tratar de imponer la más dura y pura dictadura en Venezuela. Y eso no lo pueden permitir los países libres del mundo. Al régimen chavista de Maduro y compañía hay que cerrarles todas las puertas. Lo qué hay que hacer -por el contrario- es respaldar al pueblo que está en las calles poniendo todos los días centenares de muertos y heridos. La comunidad internacional y los organismos, como la OEA, la ONU y La Unión Europea, entre otros, deben hacer un frente común que obligue a Maduro a abandonar Miraflores. Mientras tanto debe conformarse un gobierno de transición y convocar a elecciones libres, para que el pueblo venezolano defina su suerte en las urnas, de forma autónoma y transparente y no de espaldas a los medios de comunicación, como ocurrió ayer. 

Pero es imperativo que Maduro, Cabello y sus cómplices salgan de sus cargos de inmediato.

Ayer quedó demostrado -como lo hemos sostenido varias veces- que el régimen chavista venezolano hace rato abandonó los caminos democráticos. Maduro ya construyó su silla de dictador y ayer pretendía que el mundo le diera el visto bueno a su esperpento, algo que jamás sucederá. ¡Que se olvide que la comunidad internacional aplaudirá sus ínfulas de dictadorzuelo de pacotilla!