¿Hasta dónde es lícito o ético que un medio de comunicación publique un video que revela una disputa familiar, que involucra a una pareja de esposos y al padre de ella, quien intercede para evitar una tragedia? ¿Es ético que un medio de comunicación se involucre en un conflicto familiar y tome partido a favor de una de las partes, en este caso de la que suministró el video de la disputa con su pareja, a quien señala de agredirlo, cuando ha sido ella quien lo denunció por maltrato y agresión física y psicológica?Para responder esos interrogatorios, entre otros que han surgido en las últimas horas, es necesario reiterar que el periodista debe respetar la intimidad de los protagonistas de los hechos de interés público, a no ser que esa intimidad incida en la vida colectiva.

Es evidente que en el caso del enfrentamiento entre el representante a la Cámara, Andrés Villamizar, y su ex esposa, Verónica Pinto, los medios de comunicación juegan un papel muy importante, pues están siendo utilizados por una de las partes para que tomen partido a su favor y lo muestren como víctima de unos hechos que deberán ser valorados única y exclusivamente por un juez de la República. Será la Justicia quien defina la condición de víctima o de victimario del Representante Villamizar.

El papel que deben jugar los medios de comunicación en este caso es el de informar de manera responsable e imparcial sobre el desarrollo del conflicto familiar. Ello significa que cada una de las partes debe tener igual tratamiento a la hora de mostrar o presentar su versión de los hechos. Pero -sobre todo- debe mantener al margen de los mismos a terceros, que poco o nada tienen que ver con la confrontación y cuya participación en una de las múltiples riñas que ocurrieron es meramente circunstancial, como es el caso del director técnico de fútbol, Jorge Luis Pinto, padre de Verónica.

En el video -suministrado por Villamizar para tratar de justificar la agresión a su ex esposa- se observa cómo el ex técnico de la Selección Colombia de Fútbol y actual entrenador de Honduras, intercede para tratar de evitar una tragedia, pues ella tiene en su poder un cuchillo con el que, al parecer, pretendía agredir a Villamizar. 

Presentar a Pinto como maltratador o agresor de su hija es no sólo irresponsable, sino una evidente manipulación de los hechos, que solo pretende reafirmar la condición de víctima y no de victimario de Villamizar. 

¿Era necesario hacer público un video que muestra la actuación de Pinto en una disputa familiar? ¿Qué sentido tiene mostrarlo como supuesto agresor de su hija? ¿Acaso la de justificar la agresión física y psicológica por parte de Villamizar contra quién era en ese momento su esposa, con el rastrero pretexto de que si su padre la agrede yo también puedo hacerlo?

Si bien es cierto que los medios de comunicación tienen la libertad publicar la información de manera veraz y oportuna, también lo es que debe hacerlo de forma responsable, respetando siempre derechos fundamentales, como el de la privacidad y el buen nombre. Y es claro -ademas- que tomar partido a favor de una de las partes no es una de sus funciones. Todo lo contrario: es una falta ética gravísima, que afecta su credibilidad y compromete su independencia.