Colombia ha sido siempre un país amigo de todos aquellos que han tocado sus puertas en busca de refugio y protección, al ver violentados sus derechos en sus países de origen. Es el caso de la fiscal venezolana, Luisa Ortega Díaz, destituida por la Asamblea Constituyente que de forma ilegal y espuria convocó e instaló Nicolás Maduro, con la intención de notificarle al mundo la vocación dictatorial del régimen chavista.La fiscal Ortega osó retar al régimen al que sirvió por muchos años y del que conoce todos sus secretos. En una decisión valiente y arriesgada en extremo se apartó de sus postulados, luego de constatar que Maduro y sus aliados le rompieron el espinazo al poco soporte democrático que quedaba en el vecino país. 

Ese fue su pecado. Desde entonces, Maduro y Diosdado Cabello -su cómplice más connotado- emprendieron en contra de Ortega una guerra sin cuartel con el único propósito de silenciarla, como han hecho con cientos de miles de opositores venezolanos, entre ellos Leopoldo López, encarcelado por decisión -¡vaya paradoja!- de la entonces fiscal general Luisa Ortega.

Ante la falta de garantías y al ver en peligro su integridad y su vida, al igual que la de su familia, Ortega tomó la decisión de huir de Venezuela y pedir refugio en países amigos, como Colombia, Brasil o Estados Unidos.

El presidente Juan Manuel Santos no sólo acogió a Ortega sino que le ofreció protección y asilo, si así lo solicita. Pero, al parecer, la voluntad de Ortega es la de refugiarse en Estados Unidos, donde podrá contar todo lo que sabe de los abusos y atropellos del régimen chavista en cabeza de Maduro y sus cómplices.

El ofrecimiento de Santos a Ortega sirvió de pretexto para que una vez más funcionarios de Venezuela desataran una furia verbal cargada de epítetos contra el Jefe del Estado colombiano. El canciller Jorge Arreaza, yerno de Hugo Chávez, lo llamó el “Caín” de América Latina y lo señaló de estar al servicio del “imperio”. Maduro también lanzó todo tipo de amenazas con el único propósito de provocar una reacción desmedida del gobierno colombiano.

Hace bien Santos en “no pisar el peine”, como dicen los venezolanos, pues su decisión de apoyar a Ortega y a su familia obedece al espíritu solidario que hemos tenido con los “perseguidos políticos” de otros países. Lástima que no siempre haya sido así. Pero que quede claro que la negación de refugio a los perseguidos políticos por parte de Colombia es la excepción y no la regla.

De manera que, bienvenida Fiscal Ortega a Colombia. Este país hermano de Venezuela siempre será su casa. Nuestra hermandad supera los cálculos mezquinos de gobernantes abusadores, como es el caso de Nicolás Maduro, quien deberá saldar sus cuentas con la historia y -claro- también con las autoridades internacionales, que sabrán cobrarle todos y cada uno de sus delitos.