¡Qué viva México, carajo! Qué viva México, el tuyo, el mío, el nuestro, el de todos nosotros, que lo tenemos tatuado en el alma, desde que nacimos. El México que nos arrulló con sus canciones. El México lindo y querido de Pedro Infante, de Antonio Aguilar, de José Alfredo Jiménez, el de Jorge Negrete, el de Javier Solís, el de Vicente Fernández, el último charro; el de Lucha Villa, el de Chavela Vargas, nuestra Chavela que nos desgarra el alma con su voz desgarrante y desgarrada.

Chavela, la que nos metió de cabeza en una botella de tequila para que ahogáramos las penas. Chavela, nuestra Chavela, la misma que ebria de amor, gritó para que la oyera el mundo, que los mexicanos nacemos donde nos da la regalada gana. Esa es la razón por la cual en su biografía todos leemos: “Cantante mexicana nacida en Costa Rica”.

¡Qué viva México, carajo! El México grande, orgulloso, altivo, indómito, indomable, invencible. El México mestizo de Pancho Villa, de Emiliano Zapata, de Venustiano Carranza, de Pascual Orozco. ¡Qué viva México, carajo! El que desafió el imperio y se les metió al rancho a los gringos a echarse plomo con ellos, porque les estaba despresando el territorio, como si fuera una vaca muerta.

¡Qué viva México, carajo! El México de Rulfo, de Fuentes, de Paz, de Poniatowska. El México de Diego Rivera, que es el mismo de Frida Kahlo, el México de ellos que es también el nuestro: tormentoso, iracundo, furioso, altivo, orgulloso, desafiante, arrogante. 

¡Qué viva México, carajo! El México que no se raja, compadre. Ni antes ni ahora. El que se levantó de los escombros el 19 de Septiembre de 1985 y el mismo que se levantará de los escombros de ayer, otro 19 de Septiembre trágico y fatal.

¡Qué viva México, carajo! El México fervoroso y creyente, que se arrodilla a los pies de su Virgen de Guadalupe y le reza con devoción. El México piadoso que cuando somos nosotros las víctimas se moviliza para tendernos sus manos, como ocurrió con las tragedias de Armero o del Eje Cafetero. Ese México solidario, que llega primero que todos a decirnos aquí estamos, que más necesitas mi cuate.

¡Qué viva México, Carajo! ¡Qué viva México, Carajo! Hoy, mañana y siempre.