Los hechos ocurridos en Tumaco, Nariño, deben esclarecerse en su totalidad. La sanción impuesta a cuatro agentes de la Policía Nacional, quienes habrían causado la muerte a ocho campesinos sembradores de hojas de coca al hacer uso desmedido de la fuerza, no es suficiente. Y no es suficiente por una sencilla razón: la muerte de los campesinos es la consecuencia de una cadena de errores que tienen como principales protagonistas al Gobierno Nacional y a las Farc, que no han sabido resolver la crisis social desatada en Nariño desde que se puso en marcha el programa de erradicación y sustitución de cultivos ilícitos.

Esa tarea les ha quedado grande. La presencia del Ejército y de la Policía Nacional en la zona obedece a que -al fracasar la erradicación voluntaria, que fue acordada por el Gobierno y las Farc en La Habana- entonces nuestros soldados y policías han tenido que erradicar a la fuerza lo que los campesinos no han podido hacer de manera voluntaria.

Ello ha generado una situación tensa y de conflicto, cuyo primer capítulo fatal fue la muerte de los campesinos la semana pasada en jurisdicción de Puerto Rico, Tumaco.

Los agentes de Policía no son, pues, unos criminales, como cínicamente pretenden hacerlos ver algunos voceros de las Farc, como alias Iván Márquez y Romaña.

Detrás de los campesinos renuentes a erradicar la coca están los disidentes de las Farc, entre ellos alias Guacho y David, asociados con las bandas criminales. Ellos son quienes obligan a los campesinos a sembrar la coca. Son ellos quienes los amenazan y asesinan cuando se niegan a abandonar los cultivos ilícitos. Es a ellos a quienes hay que combatir con decisión. Estigmatizar a los campesinos, que son el eslabón más débil de la cadena, o graduar de criminales a los agentes de Policía, que habrían disparado contra los cultivadores de hojas de coca, es eludir la enorme responsabilidad que tienen Gobierno y Farc en la crisis de orden público de Tumaco.

Que se aclaren, pues, los hechos y se establezcan responsabilidades. Pero que no pretendan Gobierno y Farc evadir sus compromisos, descargando obligaciones en campesinos y policías. El Gobierno debe replantear su estrategia de erradicación y sustitución de cultivos ilícitos y las Farc deben dejar de lado su cinismo y entender que también son parte del problema, pues si no hubieran obligado a los campesinos a sembrar coca nada esto pasaría. Así que sus voceros, con Márquez y Romaña a la cabeza, en lugar de andar señalando culpables, deberían ponerse unas botas pantaneras y empezar a arrancar matas de coca, como hacen nuestros soldados y policías, quienes tienen que hacer el oficio que las Farc no están haciendo.