Circula en las redes sociales una campaña publicitaria en contra de congresistas y políticos a quienes sus enemigos señalan de ser “inconsistentes bravucones”, al tiempo que les tapan la boca con una cinta negra y les notifican que “los derrotaremos en las urnas”.Se trata, sin duda, de una campaña publicitaria agresiva, propia de los tiempos modernos, donde priman la “propaganda negra y la publicidad negativa”. 

Así ocurre con frecuencia en épocas electorales en Estados Unidos y Europa, donde todos los candidatos destinan buena parte de sus recursos a encontrar los “esqueletos guardados en el armario” de sus contradictores y a dejar en evidencia sus inconsistencias e incoherencias. Así se ganan y se pierden elecciones.

Donald Trump destrozó a todos sus rivales a punta de “publicidad negativa”, que lo diga Hillary Clinton, quien también se valió de la misma herramienta para tratar de derrotar al magnate republicano.

Aunque controversial, la publicidad negativa es un recurso publicitario válido en tiempos electorales. Es legítimo evidenciar las mentiras, las inconsistencias y las falsas promesas de los rivales políticos. Lo que no es legítimo es injuriarlos y calumniarlos. No es ningún delito ni mucho menos un pecado anunciarles que serán derrotados en las urnas. Si es delito valerse de falsas denuncias y montajes para tratar de sacarlos del camino.

Es evidente que este tipo de estrategias publicitarias agresivas causan polémicas y generan controversias, pues todos quisiéramos una campaña más “limpia” y menos “sucia”, donde imperen los argumentos y no las descalificaciones. Esa es la aspiración que tenemos todos los electores y esperamos que ese tipo de debates también se den entre los distintos candidatos.

Por lo pronto, tenemos que tener muy claro que debemos convivir con la “publicidad negativa”, como herramienta electoral, siempre y cuando la misma no incursione en los terrenos del agravio, la injuria y la calumnia. Y ello es así porque una cosa es tratar con el marketing político y otra muy distinta es hacerlo con el Código Penal.