En principio esta pregunta no debería plantearse. Me explico: no debe existir la más mínima duda entre lo que es un piropo y lo que es el acoso sexual. Es decir, todos debemos saber hasta dónde llega el piropo y dónde comienza el morbo y la vulgaridad.Pero la pregunta se plantea -precisamente- porque esa frontera es cada día más difusa, borrosa y confusa. Por cuenta de estos tiempos de afanes y poca lectura saludable, a los caballeros se nos olvidó ser respetuosos con las damas y terminamos convertidos en unos rufianes libidinosos y frustrados, que confundimos una frase galante con un insulto. 

Por cuenta de esa chabacanería ya no salen de nuestros labios palabras dulces y zalameras para halagar a las doncellas, como estilaban nuestros padres y abuelos, sino silbidos y sonidos guturales propios de los primates: ¡Ummmm, Uaouuuuwfff, houmnnhgghh…!

Hay otros chimpancés -con el respeto que se merecen los chimpancés- que no saben halagar a una mujer sin tener que recordarle a su ser más querido: ¡Uyyyy mamacita, pero usted sí que está es…”.

Hay orangutanes -con el perdón de los orangutanes- que pareciera que se estuvieran muriendo de hambre: ¡Uyyyyy, pero quién pidió pollooooo!

La lista de piropos ofensivos y degradantes es larga y creciente. Las mujeres se quejan, con toda razón, de la falta de frases amables y decentes por parte de los hombres cuando las saludan en la calle. El hombre Caribe es galante por naturaleza, por algo somos tierra fértil para géneros musicales, como el paseo vallenato, la cumbia y hasta el bolero, que casi en su totalidad se encargan de exaltar las virtudes de nuestras bellas mujeres.

Por desgracia el paso avasallante de otros géneros musicales, como el “reggaeton”, están acabando con nuestra música tradicional para darle paso al “perrea, mami, perrea…” y al “ponte en cuatro mamita, pa’ hacerte aquella cosita…”, que hoy cantan nuestros niños en las escuelas, como si se tratara de “los pollitos dicen pío, pío, pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío….”, que sirvieron para arrullarnos a nosotros.

De manera que tenemos que ser solidarios con quienes desde distintos escenarios, entre ellos la academia, han emprendido una campaña para acabar con el acoso sexual disfrazado de piropo. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Un piropo amable y decente siempre le caerá muy bien a una dama, que sabrá agradecerlo con una sonrisa. Pero una palabra soez o una frase vulgar, lanzada por un rufián de esquina, siempre recibirá como respuesta una buena bofetada o una denuncia penal. Ambas, sin duda, Bien merecidas.