Con bombos y platillos el presidente Juan Manuel Santos anunció la donación de 45 millones de dólares por parte de los Emiratos Árabes para el posconflicto, cifra que se vino a sumar a otros 7 millones de dólares que habían regalado cuando ocurrió la tragedia de Mocoa. En ambos casos nadie del Gobierno suministró mayor información sobre la generosa y sorpresiva donación proveniente de una de las potencias petroleras del mundo. “Esos recursos se destinarán a la salud y a la primera infancia”, afirmó Santos, luego de conocer el monto de la donación.

Pero el presidente Santos debería precisar mucho más el destino final de los recursos y sobre todo las razones qué podrían existir detrás del aparente gesto altruista por parte de los árabes.

Ello es así porque está demostrado que los generosos donantes tienen claros intereses económicos en Colombia, como ocurre con su pretensión de explorar y explotar el Páramo de Santurbán, en cuyo subsuelo se encuentran grandes yacimientos de oro.

Para decirlo en plata blanca: la donación obedecería a un claro interés de los Emiratos Árabes por verse beneficiados con la adjudicación de los multimillonarios contratos, que les permitan explotar la riqueza minera del Páramo de Santurbán. Es decir, la verdadera motivación del “regalo” es comercial y no altruista, como de forma equivocada la presentó Santos.

Aunque el Gobierno ha querido soslayar el hecho, es claro que no se trata de un asunto menor, pues la comunidad se ha opuesto de forma radical a la explotación minera de uno de los sitios más hermosos del país y su voluntad quedó expresada de manera contundente en un plebiscito, cuyo resultado no admite ningún tipo de dudas.

La explotación minera a gran escala tendría efectos funestos para el Medio Ambiente del Páramo, ubicado entre los departamentos de Norte de Santander y Santander.

La consulta popular -realizada por mandato de la Corte Constitucional- descartó cualquier posibilidad de llevar a cabo la explotación minera en el Páramo de Santurbán. Se trata, pues, de un mandato popular que no puede ser desconocido por el Gobierno, así al Ejecutivo no le haya gustado ni el Plebiscito ni mucho menos su resultado.

El Gobierno tiene la mala costumbre de no dar explicaciones de sus actos. O algo peor: darlas a medias. Por ello siempre hay que leer la letra menuda de sus anuncios, como acaba de ocurrir con la “bondadosa donación” de los Emiratos Árabes.

Es evidente que tanta generosidad obedece más a una inversión que a un gesto humanitario. Una vez más se confirma la expresión del desaparecido líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, según la cual en Colombia, “no hay almuerzo gratis”.