Cuenta la historia que en septiembre de 1964 estuvo en Colombia de visita el presidente de Francia, Charles De Gaulle, quien fue homenajeado en el Salón Bolívar del Palacio de San Carlos por el presidente de entonces, Guillermo León Valencia. El Palacio de San Carlos fue durante muchos años la residencia oficial del jefe del Estado. Hoy es la Casa de Nariño.
El presidente De Gaulle estuvo en Colombia como héroe de la Segunda Guerra Mundial y fundador de la V República francesa, es decir como un estadista de muchos quilates. Pues bien, por cuenta de la emoción que sentía por la presencia de tan ilustre visitante y en un arrebato de lagartería, el presidente Valencia alzó su copa y dijo a todos los asistentes al homenaje: “Acompañadme en este brindis por la buena salud del general De Gaulle, ¡que viva España…!”.
Dicen que el lapsus del presidente Valencia -abuelo de la senadora del Centro Democrático y ex precandidata presidencial, Paloma Valencia- estuvo a punto de causar un delicado incidente diplomático, pues a la delegación francesa no le cabía en la cabeza que el presidente de Colombia hubiera confundido a Francia con España.
Pero Valencia no ha sido el único presidente que ha confundido a un país con otro. El estadounidense Ronald Reagan en una ocasión dijo desde Brasil que se disponía a viajar a Bolivia, cuando en realidad lo estaban esperando en Bogotá.
Cometer errores en actos públicos suele ocurrir con frecuencia. Una reina de belleza dijo recientemente en Panamá sin ruborizarse que el personaje de la historia que más admiraba era Confucio, “el padre de la confusión”. Aunque el error de la beldad es más una burrada que una embarrada.
El más reciente lapsus le acaba de suceder el presentador del evento en el que se oficializó el nombre del senador Iván Duque como candidato del Centro Democrático a la Presidencia de la República.
En medio de la ceremonia y cuando todos los asistentes esperaban el pronunciamiento del nombre del candidato, el presentador dice con entonado acento: “Señoras y señores con ustedes el doctor Iván Márquez…”.
Solo hay que ver la cara de asombro y terror del ex presidente Álvaro Uribe para imaginarse la de todos los asistentes y -sobre todo- la del pobre maestro de ceremonias, al percatarse de que en lugar de anunciar al nuevo candidato presidencial, pronunció el nombre del archirrival del uribismo y uno de los jefes de las Farc.
Es probable que el error se haya presentado por cuenta del segundo apellido del nuevo candidato del Centro Democrático, cuyo nombre completo es Iván Duque Márquez.
En fin, episodios como el anterior y como el que vivió el ex presidente Guillermo León Valencia en 1964 con el presidente De Gaulle hacen mucho más divertida la política criolla. Algo de humor no cae mal en medio de tanta tragedia, como la de ver ciertos nombres en las listas de aspirantes al Congreso. ¿O no?