El incremento desproporcionado del impuesto predial en Barranquilla merece un debate “urgente y necesario”. Así lo hemos expresado en varias oportunidades y por ello celebramos que dicho asunto esté sobre la mesa. Ahora debemos escuchar a cada una de las partes para encontrar soluciones que satisfagan a quienes se ven afectados por la medida.
Es una lástima que en su momento la inmensa mayoría de los concejales de la ciudad haya optado por aprobar por aclamación y sin chistar una iniciativa que -como se está viendo- afecta de forma grave los bolsillos de los contribuyentes. Es decir, este debate debió darse el año pasado. Pero nunca es tarde cuando se trata de ocuparse de los asuntos trascendentales de la ciudad.
El Alcalde Alejandro Char ha defendido la iniciativa, con el argumento de que Barranquilla cambió de forma drástica y que las nuevas obras, como la canalización de los arroyos, no sólo requieren de importantes recursos económicos, sino que incrementan el valor de los inmuebles que se benefician con su ejecución. Además sostiene que el registro catastral de la ciudad debe ser actualizado, como en efecto lo está haciendo su administración.
En el mismo sentido se ha expresado el gerente de Gestión de Ingresos del Distrito, Fidel Castaño, quien afirma que la actualización del avalúo catastral sirve para “planear el desarrollo urbanístico de la ciudad, saber hacia dónde se orientan las políticas públicas de inversión y conocer en dónde se tiene que desarrollar la ciudad”.
A las voces de quienes desde la Administración Distrital defienden la medida se oponen las de miles de contribuyentes, que consideran no sólo exagerado el incremento del predial, sino que sostienen que atenta contra las finanzas del hogar, puesto que no disponen de los recursos para pagarlo.
El Consejo Gremial también ha pedido una mayor ilustración, tanto de la Administración como del Concejo, para poder pronunciarse a fondo sobre el asunto.

Al respecto hay que hacer algunas precisiones: las obras que se realizan en la ciudad son producto, en buena medida, del pago de los tributos por parte de sus habitantes. En el caso de Barranquilla hay que decir que la carga tributaria es bastante elevada, pues aquí se pagan impuestos que no están establecidos en otras ciudades.

Cada nuevo impuesto o el incremento exagerado de alguno de ellos -como ocurre con el predial- termina afectando los bolsillos de quienes hacen grandes esfuerzos para cumplir con todas sus obligaciones tributarias, tanto nacionales como locales. El SOAT, por ejemplo, también se disparó en este año que comienza.

De otra parte hay que decir que mejorar la vivienda propia es la aspiración de todas las personas, independientemente de las obras de infraestructura que se llevan a cabo en la ciudad y que son producto de su propio desarrollo y de su dinámica. Es decir, cambiar los pisos de las viviendas, mejorar los antejardines o ampliar el garaje es producto del esfuerzo personal de quienes residen en ella y es apenas obvio que dichas mejoras eleven el precio de la misma.

Por último, el llamado sigue siendo a mantener el debate con altura y con argumentos. Algunos concejales han expresado que están dispuestos a reconsiderar su posición, otros piden mayor ilustración por parte de los funcionarios de la Administración y otros consideran qué hay que escuchar -ahora sí- a la comunidad.

Ante la controversia desatada reiteramos que no nos oponemos al pago del predial. Nos oponemos sí al incremento exagerado del mismo, que es bien distinto. Tampoco promovemos la “cultura del no pago”, que hemos combatido en múltiples oportunidades. Sabemos que la ciudad requiere obras y que ellas cuestan. Pero también sabemos hasta dónde pueden aguantar nuestros bolsillos, muchos de los cuales ya no tienen de dónde sacar un peso más. Es tan simple como eso. Ojalá que no le pase a la Administración Distrital con los contribuyentes de la ciudad como a la famosa vaca lechera, que de tanto ordeñarla hubo un momento en que no fue posible sacarle una gota más de leche y así su dueño se quedó sin el sustento diario. Al final por ambicioso perdió la leche y perdió la vaca.