Los delegados del gobierno venezolano y los representantes de la oposición se levantaron ayer de la mesa de negociación en Santo Domingo, República Dominicana, sin que lograran un acuerdo sobre algunos puntos, como por ejemplo la fecha para la celebración de las próximas elecciones presidenciales.

Luego de levantarse de la mesa, cada una de las partes dio su propia versión de lo ocurrido y como suele suceder casi siempre, cada una de ellas es muy distinta a la de su opositor.

Mientras que Jorge Rodríguez, jefe negociador de Maduro, habló de la proximidad de la firma de un acuerdo final en Caracas la próxima semana y sostuvo que “estamos entendidos en absolutamente toda la inmensa mayoría de los puntos”, Julio Borges, jefe de la Mesa de la Unidad Nacional (MUD), afirmó que “no hay ningún preacuerdo” sobre los puntos discutidos.

Las delegaciones retornaron a Caracas con la intención de seguir explorando fórmulas que les permitan avanzar en la negociación.

Pero sobre la negociación del gobierno venezolano y la oposición son muchas las preguntas que es necesario plantear para tratar de entender qué buscan las partes. La primera sería ¿negociar con Maduro para qué? ¿Para legitimar unas elecciones presidenciales que han sido rechazadas por casi todos los gobiernos de América Latina, que consideran que no hay las mínimas garantías para la oposición? ¿Para legitimar un régimen violador de los Derechos Humanos, que atenta todos los días contra aquellos que se atreven a pensar diferente?

Pero, además, a los voceros de la MUD en Santo Domingo también hay que preguntarles, ¿qué pretenden al asistir como mansos corderos a unas elecciones donde no tienen la más remota posibilidad de triunfar, pues todo el sistema electoral venezolano está al servicio del régimen chavista? De igual forma está a su servicio el Tribunal Supremo de Justicia, que cierra todos los caminos legales a los dirigentes políticos opositores, muchos de los cuales están hoy presos. ¿Están negociando su libertad?

¿En serio creen Rafael Ramos Allup, Julio Borges y demás líderes de la oposición que van a derrotar a Maduro, quien tiene todas las armas en sus manos? ¿Son así de ingenuos o cuál es su verdadera intención? ¿Porqué esa oposición le ha cerrado todos los espacios a una vocera legítima de los inconformes venezolanos, como María Corina Machado, perseguida -ella sí- sin compasión por Maduro y sus aliados? ¿A qué juegan estos opositores venezolanos?

De manera que lo importante en Venezuela en estos momentos no es fijar la fecha de las próximas elecciones presidenciales, como piensan Maduro, Rodríguez y compañía, sino tener bien claro cuál es el sentido de las conversaciones. La fecha de las elecciones es lo de menos. Eso no es lo más importante. No en estos momentos.