Desde los tiempos macabros de alias Simón Trinidad ordenando secuestros y asesinatos desde la Sierra Nevada, no se veía en el Cesar a sus habitantes enclaustrados y sus carreteras desoladas. Creíamos que ese triste y lamentable espectáculo era cosa del pasado.

Pero no es así. Este fin de semana, una vez más los violentos obligaron al pueblo vallenato a permanecer en sus casas, mientras esperan que quien tiene la obligación constitucional de preservar su integridad y sus vidas cumplan con ese mandato.

No es al ELN a quien hay que obedecer. Ni es ese grupo terrorista el que da las órdenes en Colombia. Aquí hay un gobierno legítimo y unas Fuerzas Armadas que tienen la obligación no sólo de garantizar nuestras vidas, sino de enfrentar con total decisión a quienes están por fuera de la Ley. Para ellos no es una opción, es su obligación.

¿Qué esperan el presidente de la República, Juan Manuel Santos, su ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, y los comandantes de las Fuerzas Militares, así como de la Policía Nacional, para responderle militarmente al ELN el reto que este grupo terrorista les planteó? ¿Qué esperan para propinarle los golpes contundentes que lleve a los jefes de esa organización armada ilegal de nuevo a la mesa de negociación en Quito? ¿Qué pasa con la capacidad de prevención y reacción de nuestras Fuerzas Militares?

¿Por qué razón durante los cinco años que duró la negociación con las Farc -a la que el ELN no quiso sumarse- ese grupo guerrillero no recibió ningún golpe contundente, ni tampoco fue debilitada su estructura militar? ¿Qué hicieron nuestras Fuerzas Militares durante esos cinco años que dejaron de combatir a las Farc por orden expresa de Santos? ¿Tampoco combatieron al ELN? ¿Esa fue la orden que recibieron del presidente de la República? ¿Qué pasó con las direcciones de Inteligencia y Contrainteligencia de nuestras brigadas y batallones? ¿Dónde están sus resultados operacionales?

No puede ser que ahora el ELN esté más fortalecido que antes. No puede ser que ahora la pesadilla corra por cuenta de un grupo guerrillero que estaba prácticamente extinguido y sin ninguna capacidad de lucha. ¿Qué pasó? ¿Quién responde? El primero que debe responder es el propio Santos, como máximo jefe de nuestras Fuerzas Militares y luego toda la cadena de mando, incluyendo al ministro de Defensa, objeto de burlas de todo tipo.

La respuesta del Presidente no puede ser la de “ignorar” el paro armado, ordenado por los terroristas del ELN. Es muy fácil ignorar a los terroristas, cuando se tiene todo tipo de protección y garantías. A los comerciantes y conductores de camiones y buses, que deben movilizarse por todo el país, porque si no lo hacen no comen, les cuesta mucho “ignorar” las órdenes de los violentos.

El país espera otro tipo de respuestas. Más serias, menos cínicas y mucho más contundentes. Ya es hora de que el ELN reciba la respuesta que merece. Así por lo menos los habitantes del país en general y del Cesar en particular sentirán que al frente de la Nación están las personas indicadas a las cuales no les queda grande su obligación de hacer cumplir la Constitución Nacional.