Las elecciones presidenciales convocadas por el régimen chavista para el próximo 22 de abril son una farsa. Así lo ha entendido la comunidad internacional y también un sector mayoritario de la MUD, que decidió marginarse de la contienda. El único que se prestó para la farsa de Maduro y sus aliados políticos, empezando por Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, fue Henri Falcón, ex gobernador del estado Lara y antiguo militante del chavismo.

Falcón es chavista, aunque lo niegue. Su candidatura solo tiene el propósito de lavarle la cara al régimen. Su única razón de ser es la de pretender darle legitimidad a un gobernante repudiado por todos los gobiernos democráticos del mundo. Maduro se quitó la careta hace rato y ahora solo aspira a perpetuarse en el poder, mediante la burda estratagema de unas elecciones amañadas.

No es un chiste, aunque parezca, aquella caricatura en la que aparece Tibisay Lucena anunciándole al país: “ya tengo los resultados, ahora solo faltan las elecciones”. Tal cual. Los resultados electorales de Venezuela ya se conocen, las elecciones solo servirán para legitimar al dictadorzuelo de Maduro. Falcón -que es de ellos y nunca ha dejado de serlo- se presta como idiota útil de la farsa.

Pero, por fortuna, ya el mundo sabe que en Venezuela no hay garantías para la oposición. Ni una sola. El régimen chavista aplasta a todo aquel que piense distinto. Solo quien esté con Maduro y sus secuaces puede hablar con libertad en Venezuela, sin temor a ser perseguido, silenciado, desaparecido o asesinado. Hay que desenmascarar cuanto antes a ese régimen de terror, porque mañana puede que sea demasiado tarde.