Por cuenta de la polarización de la campaña presidencial y la falta de novedad en las listas de los partidos y movimientos políticos, las elecciones al Congreso que se llevarán a cabo hoy en todo el país no despertaron mayor entusiasmo en los electores. No hubo grandes debates entre quienes van a llegar a ocupar las curules en el Senado y en la Cámara de Representantes, ni siquiera en aquellos temas considerados nacionales, como el desempleo, la salud y el medio ambiente, entre otros. Las figuras ‘taquilleras’, como Antanas Mockus o Jorge Enrique Robledo, prefirieron meterle el hombro a la campaña presidencial a sabiendas de que sus curules y las de sus partidos están casi garantizadas.

El picante y la pimienta de las elecciones de hoy corrieron por cuenta de las consultas de las llamadas alianzas de “centro-izquierda” y “centro-derecha”, de las que saldrá su candidato o candidata presidencial. La primera es entre Carlos Caicedo y Gustavo Petro, y la segunda, entre Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez.

En lo que tiene que ver con la primera, la pregunta que ronda es cuántos votos sacará y con cuántos le ganará Petro a Caicedo. Y en lo que tiene que ver con la segunda consulta interpartidista, aunque algunas encuestas dan por ganador a Duque, lo cierto es que su resultado no será tan contundente como el de la centro-izquierda. La razón es muy simple: depende de cuántos votos “ajenos”, es decir de otros partidos, distintos a los que conforman la alianza, logre cautivar y persuadir Ramírez. Ese elemento le da un toque de incertidumbre y de misterio a la consulta de hoy.

Pero, sin duda, el enemigo a vencer por parte de todos los colombianos será una vez más la abstención. Ahí radica buena parte de la ilegitimidad que acompaña al Congreso de la República. Un Congreso elegido por una minoría será siempre un Congreso cuestionado. Por eso es necesario que quienes lleguen a Senado y Cámara lo hagan respaldados por una copiosa votación, que les permita contar con pleno respaldo a la hora de legislar a nombre de los colombianos.

En lo que tiene que ver con la Región Caribe, ya es hora de dejar atrás aquellas prácticas perversas y antidemocráticas, que no solo atentan contra el derecho a elegir con absoluta libertad y autonomía, sino que comprometen el propio destino de nuestros departamentos. El clientelismo y el trasteo de votos, por ejemplo, no solo afectan la transparencia electoral, sino que perpetúan la corrupción y por consiguiente el atraso regional. En ese sentido es mucho lo que nos falta por recorrer para formar electores responsables y racionales, que entiendan el verdadero valor que tiene el voto en un sistema democrático. ¿Qué está en juego en las elecciones de hoy?

¿Quién le pone el cascabel al gato de las encuestas?

En esta campaña electoral las encuestas volvieron a sus orígenes, cuando ayudaban a posicionar y vender detergentes y jabones. Y lo peor es que a nadie parece importarle cómo lo lograron. El Consejo Nacional Electoral es un convidado de piedra, un rey de burlas, al que todas las empresas encuestadoras se pasan por la faja. Nadie pide cuentas. Nadie exige rigor científico en la recolección de las muestras, ni transparencia en la realización del trabajo de campo, ni mucho menos reglas claras para su difusión. Aquí hay encuestas hechas a la medida de los candidatos y eso es grave para una democracia. Aquí hay simples sondeos de opinión que se presentan como encuestas. Una encuesta determina el comportamiento del votante y marca tendencias que definen una elección. El Congreso de la República deberá meterle el diente a la financiación, realización y difusión de las encuestas electorales. Es la única forma de ponerle fin a su comportamiento abiertamente antidemocrático. Las encuestas en Colombia –por desgracia– no le dan transparencia al debate electoral. Todo lo contrario: lo empañan y lo ensucian. Punto. Los primeros que deberían denunciar las prácticas perversas de algunas firmas encuestadoras son sus colegas, pues por cuenta de los sucios están juzgando a los limpios. Solo así pueden librarse del señalamiento que reciben en el sentido de que “todos se arropan con la misma cobija”.

¿Qué hacer con las consultas interpartidistas?

Lo ideal es que solo los militantes de los partidos puedan elegir a sus candidatos. Ese es el deber ser de las cosas. Pero una cosa es lo que debe ser y otra lo que es en realidad. Y la realidad es que las consultas interpartidistas son abiertas a todos los partidos y movimientos, entre otras razones porque no hay partidos políticos organizados con militantes carnetizados. De manera que hoy –por ejemplo– los militantes de Cambio Radical, el Partido de La U, el Partido Conservador y el Partido Liberal, si se lo propusieran, podrían votar en masa por Carlos Caicedo y derrotar así a Gustavo Petro, quien figura como favorito en las encuestas. Ese escenario tan absurdo es perfectamente posible gracias a que las ‘consultas interpartidistas abiertas’ lo permiten. Igual podría suceder en el caso de la consulta entre Marta Lucía Ramírez, Iván Duque y Alejandro Ordóñez. ¿Qué pasa –por ejemplo– si todos los contradictores y enemigos políticos de Uribe se unen para votar por Ramírez y derrotar a Duque, que es el candidato de las entrañas de Uribe? Simple: que Uribe se quedaría sin candidato presidencial, así Marta Lucía Ramírez haga parte de la coalición. Estos escenarios absurdos son posibles por cuenta de las ‘consultas interpartidistas abiertas’. Aquí hay otro frente perverso que afecta de forma severa al sistema democrático, pues contamina la transparencia que debe tener la escogencia de un candidato presidencial.

La última locura: hoy voto por ti y mañana contra ti

En medio de los escenarios absurdos que han creado la ‘feria de encuestas’ y las ‘consultas internas abiertas’, el más absurdo de todos es la fabricación del ‘votante bruto-estúpido’, que es aquel que hoy vota por un candidato en la ‘consulta interna abierta’ de un partido y mañana –una vez este resulte elegido– vota en su contra. Veamos el caso con un ejemplo: dicen algunos analistas y varios portales que los votantes de Cambio Radical han sido aleccionados para que hoy voten por Iván Duque en la ‘consulta interpartidista abierta’ de la alianza de centro-derecha para derrotar a Marta Lucía Ramírez. Es decir que Duque sería el candidato que se enfrentaría a Germán Vargas Lleras en la primera vuelta presidencial. Vargas Lleras es el máximo líder y candidato oficial de Cambio Radical a la Presidencia, ¿cómo explicarles a quienes votan hoy por Duque que mañana deben votar en su contra? ¿En verdad creen los analistas y los encuestadores de bolsillo que el votante es así de irracional? Una de las figuras más perversas del sistema democrático es el clientelismo –así Roberto Gerlein haga maromas para justificarlo–, pues amarra el voto del elector al político que le prodiga favores. Convierte la política en un ejercicio mezquino, carente de altruismo, de sentido colectivo y de vocación social. En el caso de la figura recién creada del ‘votante bruto-estúpido’ ni siquiera hay favores que pagar, pues reduce al elector a su condición más baja de racionalidad. Es la estolidez electoral en su máxima expresión. La guerra por los votos y el todo vale no puede degradar tanto la condición del votante.

El nuevo Congreso: ¿izquierda o derecha?

Las listas de la izquierda, empezando por la de Colombia Humana de Gustavo Petro, la del Polo Democrático y la de la Farc, no tienen figuras para destacar. El número uno de Petro al Senado es el libretista de televisión Gustavo Bolívar, creador de la exitosa serie ‘Sin tetas no hay paraíso’, a quien señalan de ser uno de los responsables de la ‘traquetización’ del país por cuenta de la masificación del estereotipo de las jóvenes ‘prepago’. En el Polo hay dos figuras de peso con votos propios: Jorge Enrique Robledo e Iván Cepeda. Los verdes tienen también dos pesos pesados: Antanas Mockus y Angélica Lozano. El liberalismo le apostó a la renovación con Mauricio Gómez Amín como cabeza de lista. El Centro Democrático tiene como máximo referente y número uno de la lista al Senado al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Cambio Radical tiene como número uno a Rodrigo Lara, quien pasaría de Cámara a Senado. La lista del conservatismo la encabeza Miguel Gómez. La de La U al Senado la encabeza Roy Barreras. La lista de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), que se quedó sin candidato presidencial por el retiro de Rodrigo Londoño, “Timochenko”, tiene 10 curules aseguradas por cuenta de la negociación de La Habana con el Gobierno. Si pasa el umbral, asegurará más curules. Este Congreso que será elegido hoy tiene sobre su cuello la Espada de Damocles de una Asamblea Constituyente, ofrecida y prometida por Gustavo Petro, en caso de llegar a la Presidencia. Y ello significa una sola cosa: revocatoria. Es decir, el de hoy sería un Congreso revocado en caso de que Petro gane las elecciones.

Santos, ¿mete las manos o ‘mete las patas’?

Contrario a lo que había ofrecido en la publicitada carta a su sucesor, en el sentido de no interferir en las elecciones de este año, el presidente Juan Manuel Santos terminó metiendo las manos en la contienda electoral. Y lo hizo de forma muy torpe, pues una cosa es reunirse en la Casa de Nariño con líderes de las bancadas que integran la Unidad Nacional para analizar la agenda legislativa y otra muy distinta aprovechar la oportunidad para sugerirles “generosidad” para que el país no caiga –según él– “en extremismos”. Ese comportamiento tiene nombre propio: interferir en las elecciones. Está claro que para Santos los únicos extremistas son los del Centro Democrático, y el ‘papá’ de los extremistas se llama Álvaro Uribe. Ni siquiera a las Farc les ha dado ese calificativo. Ninguna necesidad tenía el Presidente de la República de agitar las aguas a pocas horas de la elección del nuevo Congreso, máxime cuando hace poco sacó pecho diciendo que no intervendrá en los comicios. Un presidente no solo debe ser imparcial, sino parecerlo. Y Santos ni lo es ni lo parece, así diga lo contrario. Ser imparcial significa ofrecer garantías a todos por igual. Por obvias razones, esa cumbre de ‘partidos enmermelados’ en Palacio no fue de buen recibo, ni siquiera por parte de un antiguo aliado de Santos, el expresidente César Gaviria, quien lo cuestionó de forma severa.