Las más recientes encuestas publicadas por distintos medios de comunicación terminaron por producir tres hechos políticos en materia electoral, que podrían cambiar de manera radical el curso de la actual campaña presidencial. El primero tiene que ver con la “disparada” que se pegó en las últimas semanas el candidato Iván Duque, el segundo es que por cuenta de esa misma “disparada” el escenario de un triunfo en primera vuelta -algo remoto hace algún tiempo- hoy es visto como una posibilidad real y el tercero es que los candidatos Humberto De la Calle y Sergio Fajardo, entendieron el mensaje que sus seguidores les estaban enviando: o se unen o se hunden.

Con las encuestas pasa algo muy curioso: pocos creen en ellas, pero sus resultados obligan a tomar decisiones a los candidatos, pues condicionan el comportamiento de los votantes, marcan tendencias y producen hechos políticos que ninguno puede desconocer. Son un mal necesario con el que tanto electores como elegidos tienen que convivir. Y aunque los fracasos de las encuestas en los tiempos recientes han sido mayores que los aciertos, como ocurrió con el “brexit” en el Reino Unido, con Trump en Estados Unidos y con el triunfo del “NO” en Colombia, es indudable que todos viven pendientes de sus resultados para tomar decisiones.

Las más recientes encuestas dan como único candidato fijo para acceder a la segunda vuelta al ex senador del Centro Democrático, Iván Duque, quien pasó a liderar de forma holgada todos los estudios sobre preferencias electorales en el país. La encuesta de Invamer para Noticias Caracol, Blu Radio y Semana, lo da ganador con el 45,9% y de segundo a Gustavo Petro con el 26,7%. Otra encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) para CM&, también lo puso como triunfador con un 42%, mientras que Petro obtuvo el 26%. En ambas, Sergio Fajardo y Germán Vargas Lleras ocupan el tercero y cuarto lugar, respectivamente.

Tanto en la encuesta de Invamer como en la del CNC, Iván Duque está a punto de superar el 50%  del respaldo, lo que le garantiza su triunfo en la primera vuelta, el próximo 27 de mayo. La distancia que le sacó tanto a Petro como a los demás seguidores, en especial a Fajardo y Vargas Lleras, lo muestra hasta el momento como inalcanzable, cuando faltan muy pocas semanas para que los colombianos vayan a las urnas a elegir al sucesor de Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño.

Pero en una campaña presidencial una semana es un siglo y cualquier error puede costar la Presidencia. En octubre de 2001, el entonces candidato liberal Horacio Serpa, obtuvo el 41,2% en una encuesta de Yanhas, mientras que Álvaro Uribe sacaba apenas el 23,4% y Noemí Sanín obtenía el 16,2%. La contundencia del resultado llevó a la revista Semana a titular de una manera sugestiva: “Se escapó Serpa”. A la postre, varios meses después, los resultados fueron bien distintos: Uribe ganó en primera vuelta con más del 50% de los votos, mientras que el “escapado” Serpa sufrió una estruendosa derrota.

Y aunque la comparación de los dos escenarios -el de octubre de 2001 con el de marzo de 2018- ha llevado a varios analistas a pensar que el hecho podría repetirse, lo cierto es que los tiempos son diferentes. Allá faltaban ocho meses para la primera vuelta y acá apenas faltan 30 días. De irle muy mal, Duque pasaría “raspando” a la segunda vuelta y si le va muy bien, gana muy cómodo en la primera.

Para decirlo en plata blanca: de acuerdo con los resultados sobre preferencias electorales, los resultados de las elecciones del 11 de marzo de la consulta interpartidista de centro-derecha y las proyecciones de resultados de elecciones presidenciales recientes, las posibilidades de que otro candidato derrote a Duque son muy escasas.

Ni siquiera la unión De la Calle-Fajardo, promovida con pasión desbordada por seguidores de uno y de otro, garantiza su triunfo por encima del candidato uribista. El café que van a compartir esta semana para buscar acuerdos, debieron tomárselo mucho antes con el fin de que los dos participaran en una consulta interpartidista el pasado 11 de marzo, como propuso De la Calle, pero que no aceptó Fajardo. No haber participado de una consulta interpartidista, como sí ocurrió con Duque y Petro, les quitó protagonismo y permitió el posicionamiento de los dos candidatos punteros en las encuestas. El otro damnificado de las consultas interpartidistas fue Germán Vargas Lleras, quien se concentró y le apostó a las elecciones legislativas.

¿Tiene Duque gasolina para ganar en primera vuelta? ¿Tiene futuro una alianza de Humberto De la Calle con Sergio Fajardo? ¿Qué pueden hacer Gustavo Petro y Germán Vargas Lleras?

Iván Duque, en el “portaaviones” de Uribe

Una de las mayores debilidades de un político es que sea desconocido. La razón es muy simple: para poder votar por alguien primero hay que conocerlo. A Iván Duque muy pocos colombianos lo conocían. Sólo los militantes del Centro Democrático sabían que había un joven senador, muy piloso que se sentaba al lado de Álvaro Uribe, quien cada vez que intervenía en las plenarias lo hacía con propiedad y carácter. Cuando resultó elegido candidato del Centro Democrático, su nombre tomó más fuerza. Pero aún así seguía siendo menos conocido que Marta Lucía Ramírez, candidata con quien midió fuerzas el pasado 11 de marzo para decidir el nombre del aspirante de la alianza de centro-derecha a la Presidencia. A la postre Duque derrotó a Ramírez -hoy su fórmula vicepresidencial- y se ganó en franca lid su derecho a aspirar a suceder a Santos. Pero cuando trascendió que Duque era “el que diga Uribe”, su nombre se disparó en las encuestas. Así de simple. Uribe -les guste o no a sus malquerientes- es un “portaaviones” electoral. Todo el que se sube en él sale disparado para la Presidencia, que lo diga Santos, que sin haber sido ni siquiera concejal de Bogotá, sacó 9 millones de votos en 2010. A Óscar Iván Zuluaga, lo convirtió en fenómeno político en 2014. Hoy a Duque quienes no lo conocían ya lo conocen y quienes lo conocían van a votar por él por la sencilla razón de que ese es el que dijo Uribe.

Humberto De la Calle y Sergio Fajardo, un café amargo

Los hechos políticos son como son y no como uno quisiera que fueran. Punto. Como la vida misma. En materia electoral el mejor sentido es el de la oportunidad. El tren de la victoria solo pasa una vez y quien lo deja seguir no tendrá nuevas oportunidades para subirse en él. Hasta hace algunos meses, la unión de Humberto De la Calle con Sergio Fajardo era una fórmula inderrotable. El espíritu conciliador de ambos y su visión optimista del país habría servido para despresurizar la actual situación de polarización electoral. Pero lo que antes era un sueño posible hoy es una realidad amarga. De la Calle nunca despegó en las encuestas y Fajardo desciende a velocidades de crucero. Ambos cometieron errores graves, que hoy pagan con intereses muy altos. El principal de todos: los dos salieron corriendo para la izquierda, cuando su salvación estaba en el centro. De la Calle buscó como fórmula vicepresidencial a Clara López, identificada históricamente con el Polo Democrático y funcionaria de primer nivel de Samuel Moreno en la Alcaldía de Bogotá. Y Fajardo, al no poder expresar argumentos sólidos y creíbles para permanecer en el centro y nervioso al no poder romper con su rótulo del candidato “Ni,Ni”, buscó refugio en los brazos zurdos del Polo Democrático y escogió como fórmula vicepresidencial a Claudia López, que terminó alejando a los “sergistas de corazón”. Pero, además, la “izquierdización” de Fajardo sacó corriendo a empresarios que lo respaldaban y llenó de pánico a quienes lo veían como una buena salida a la polarización que se anunciaba.

De la Calle, Fajardo y Petro, ¿un matrimonio de tres?

La única carta que podría comprometer el triunfo de Duque hoy es la alianza de Humberto De la Calle, Sergio Fajardo y Gustavo Petro. Pero no sólo es casi imposible, sino que la candidatura de Petro resulta tan “tóxica”, que De la Calle y Fajardo podrían perder lo poco que tienen. ¿La razón? Petro divide al centro y a la izquierda por igual. Y algo peor: unifica a toda la derecha y buena parte del centro en su contra. Es decir, Petro le ganaría a De la Calle y a Fajardo, pero perdería con Duque y Vargas Lleras. Ese es el dilema que tendrán que resolver quienes buscan afanosamente tomarse un tinto con los tres para ver si logran atajar el triunfo del uribismo. A ello hay que sumarle la feria de egos de los candidatos, para no hablar de los $40 mil millones que tendría que devolver De la Calle, por cuenta de ser candidato elegido por consulta y los otros miles de millones que tendría que devolver Petro por la misma razón: ¿Quién declinaría su aspiración y qué le ofrecerían a cambio? ¿Otra vicepresidencia? ¿Cómo sería una Presidencia de algunos de los tres con un “co-gobierno” de los otros dos? No existe ninguna afinidad ideológica o temática entre ellos. Ni siquiera la lucha contra la corrupción, que tanto pregonan los tres. Para Petro, el Sindicato Antioqueño, que apoya a Fajardo, es corrupto, mientras que para Fajardo y Claudia López, buena parte del liberalismo que está con De la Calle, también simboliza la corrupción. Y los tres están convencidos de que todos los demás son corruptos menos ellos.

Vargas Lleras, su futuro depende de la clase política

Mientras Iván Duque y Gustavo Petro recibían todos los días tratamiento de candidatos presidenciales por parte de los medios de comunicación, gracias a su participación en la consulta interpartidista del pasado 11 de marzo, Germán Vargas Lleras se sentaba con los barones electorales del país buscando apoyo para su candidatura presidencial. Es decir, mientras Duque y Petro hablaban contra la corrupción, Vargas Lleras buscaba el respaldo de quienes la opinión pública señala de corruptos. Pero a Vargas Lleras no le fue mal en su apuesta: sacó más de dos millones de votos y logró un número de senadores y representantes a la Cámara suficiente como para tener una bancada poderosa en el Congreso de la República. Su papel será decisivo a partir del próximo 7 de agosto. Pero el problema del exvicepresidente es que su suerte ahora depende de los políticos que ya salieron elegidos. Es decir, ellos ya solucionaron su problema, que era obtener su credencial de congresistas, mientras que Vargas Lleras todavía no ha resuelto el suyo, que es llegar a la Casa de Nariño. El respaldo de los políticos depende de cómo le vaya en las encuestas. Si sube, contará con ellos, pero si no despega, entonces ellos buscarán pista en otra candidatura, que no es otra que la del Centro Democrático. Por lo pronto, Vargas Lleras confía en los debates televisivos para repuntar de forma significativa en las encuestas, así como en una mayor difusión de sus propuestas por parte de los medios de comunicación.