Los colombianos pudimos presenciar anoche el publicitado primer debate de los candidatos presidenciales, realizado por Teleantioquia y la revista Semana.

Lo primero que hay que decir es que debate no hubo. Y no hubo debate porque la rigidez del formato, así como el poco tiempo asignado a cada aspirante para responder, atentaron contra la sana controversia, pues los “acartonó” al no permitirles argumentar sus propuestas.

Pesó demasiado el “miedo escénico” en casi todos los aspirantes, así como su intención de ser “políticamente correctos”. Un debate es un debate. Un debate no es una exposición rígida y esquemática de un par de ideas, ni tampoco la presentación de un catálogo de buenas intenciones. En un debate se confrontan propuestas, con altura, por supuesto, pero la controversia no se puede excluir.

Al no haber debate entre los candidatos, los colombianos nos quedamos sin saber cuáles son exactamente las diferencias entre ellos. Uno de los pocos temas que evidenció dichas diferencias fue el del futuro de los acuerdos firmados con las Farc, donde Iván Duque se apartó de todos los demás, quienes sí se comprometieron con respetar lo pactado en La Habana. Llamó la atención que Germán Vargas Lleras -muy crítico de los acuerdos- dijo que las dudas que tenía sobre la “reincidencia y la JEP me las disipó la Corte Constitucional”.

Otros asuntos espinosos, como el del matrimonio igualitario, también evidenciaron las diferencias entre Duque y los demás candidatos, aunque ninguno pudo profundizar sus enunciados.

En el desarrollo del debate, el ex vicepresidente Vargas Lleras destacó su experiencia y aprovechó la ocasión para ponerle un par de banderillas a Duque. “El próximo gobierno demanda enormes retos que no admiten curva de aprendizaje. Ofrezco muchos años de experiencia y gran capacidad ejecutiva. Solo tengo un sello. Lo que digo lo logro materializar”.

Gustavo Petro, por su parte, también aprovechó la oportunidad para vender las bondades de su modelo de gobierno como alcalde de Bogotá. Destacó su carácter incluyente y sus esfuerzos por cerrar la brecha social de la capital del país. No obstante, exageró sin ningún pudor a la hora de resaltar sus logros, como cuando sostuvo que en su administración “ni un solo niño se murió de hambre”.

A propósito de dicha afirmación, hay que recordarles tanto a Petro como a los demás candidatos presidenciales el aforismo muy empleado en el marketing político, según el cual “si vas a decir mentiras, procura que sean creíbles”.

En lo que tiene que ver con los otros candidatos, Iván Duque fue contundente al afirmar que durante su gobierno no “habrá ningún tipo de legalización de drogas”, afirmación que tiene buen recibo en el “uribismo profundo”, pero que no es fácil de digerir por parte de muchos jóvenes, quienes son más abiertos a la hora de debatir este complejo asunto.

Sergio Fajardo, por su parte, fue reiterativo en su mensaje de lucha frontal contra la corrupción, que se traduciría en mejorar la calidad de la educación en el país. Debe mejorar muchísimo la concreción de las ideas y el manejo escénico, que son fundamentales en los debates por televisión.

En conclusión, el primer debate presidencial sirvió para que los candidatos calentaran el brazo y perdieran el miedo escénico. Ya tendrán oportunidad de confrontar sus propuestas y decirse verdades, como corresponde a un verdadero debate presidencial.