Ahí está. Bella, imponente, multicolor, diversa, distinta, única, lúdica, altiva, serena, viva… Ahí está. Cadenciosa y rítmica. Mírala, disfrútala, siéntela, tócala, búscala, encuéntrala… ¿Ya la viste? ¿La encontraste? ¿La tocaste? En esta ventana que mira al mundo, es el mundo el que se mira. Ella no está solo para ver, está para que la vean. Garbosa, graciosa, esplendorosa… Está para que nos vean los otros y para que nos veamos nosotros. Es ventana y espejo. Es horizonte y mar abierto. Y es también cielo azul y tarde de arrebol y cometa al viento y es el Carnaval que pasa y arrebata con sus monocucos y sus marimondas. Es río indómito, serpenteante y esquivo. Es motivo de orgullo, claro. Es sitio de encuentro de aquellos que llegan con maletas y sueños y penas y esperanzas. Y será algún día lugar de desencuentros y despedidas de quienes parten a conquistar otros mundos, a buscar nuevos abrazos en otros brazos.

Y cuando vuelvan -porque han de volver, como hemos vuelto todos, después de recorrer caminos y abrir senderos, con llantos y risas, con triunfos y fracasos- deben tener presente que ahora podrán entrar a su tierra, que es la nuestra, tuya y mía, por La Ventana, que estará esperándolos. Ahí está. Bella, imponente, multicolor, diversa…