El buen nombre de una persona o de una empresa es producto no solo de un compromiso de vida, sino de la honradez, la disciplina y el trabajo constante. No es fruto del azar o de la buena suerte. Por eso cuesta tanto ganarse el respeto, el afecto y la admiración de los demás. A varias personas y empresas, alcanzar esa especie de “estado de gracia” les lleva muchos años de dedicación absoluta y de esfuerzo desmedido. Son largas faenas de trabajo y desvelos, donde muchas veces hay que sacrificar hasta la propia convivencia con los seres queridos. Todos esos sacrificios conlleva el hecho de cimentar un buen nombre y una buena reputación.

Nada es más importante que esos dos valores. No hay dinero que los pueda pagar, no hay dinero que los pueda comprar.

El episodio vivido por la empresa barranquillera Tecnoglass por cuenta del grave señalamiento que hiciera la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) a sus dueños de hacer parte de una red dedicada a la “reventa” de boletas para asistir a partidos de la Selección Colombia de Fútbol, muestra en toda su dimensión el daño que se causa cuando se atenta contra el buen nombre y la reputación de una compañía. Las investigaciones de la SIC demostraron -diez meses después- que nada de lo que se dijo sobre Tecnoglass como parte de un entramado dedicado a acaparar y revender boletas de la Selección Colombia era cierto. Todo resultó falso. Pero el daño ya se había causado, puesto que el buen nombre y la reputación de la empresa se vieron comprometidos.

Desde su fundación en 1994 Tecnoglass ha construido con denodado esfuerzo una excelente fama, que le ha abierto, inclusive las puertas de mercados muy exigentes, como el caso de Estados Unidos y Europa, donde sus productos son muy apetecidos. De hecho, es la única compañía colombiana que cotiza en Nasdaq desde 2013. Se trata de una compañía que no contrata un solo peso con el Estado y factura más de 1.2 billones de pesos al año. Genera más de 5.700 empleos directos y su labor social, desarrollada por la Fundación Tecnoglass, es reconocida por propios y extraños. La empresa goza del cariño, el afecto y la admiración no solo de Barranquilla y la Región Caribe, sino de toda Colombia.

Al demostrarse que Tecnoglass no tuvo absolutamente nada que ver con el condenable y reprochable episodio de la reventa de boletas de la Selección Colombia, esperamos que quienes comprometieron de forma grave su buen nombre, prestigio y reputación, como es el caso de la SIC -que cumplió con su deber de investigar una conducta delictuosa- proceda con gallardía a resarcir el daño causado a la connotada y respetada empresa barranquillera.