La situación que atraviesa el sector agropecuario, en especial el ganadero, merece toda la atención del Gobierno. No se trata de un asunto menor. Todo lo contrario: compromete inversiones y ventas anuales por miles de millones de pesos, pero –sobre todo– afecta a cientos de familias dedicadas a uno de los sectores productivos más estratégicos del país, que atraviesa una difícil situación, producto de decisiones desafortunadas tomadas por Juan Manuel Santos, mientras ejerció la Presidencia de la República.

La implacable guerra declarada por Santos a la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegán), en cabeza de su presidente, José Félix Lafaurie, ha tenido consecuencias nefastas para la ganadería nacional.

Los brotes de fiebre aftosa -enfermedad que había sido desterrada del país en las últimas décadas tienen consecuencias directas en la economía nacional, pues ponen en riesgo -solo este año- exportaciones por más de 40 millones de dólares a Rusia, Curazao y Egipto, entre otros mercados.

El Ministerio de Agricultura deberá extremar las medidas para que grandes eventos que se van a realizar en el país, como el Congreso Mundial Brahman, que se llevará a cabo en Bucaramanga a comienzos de diciembre, transcurran sin ningún contratiempo desde el punto de vista de la sanidad animal. Y ello es así porque al ser detectados seis focos de fiebre aftosa en La Guajira, Cesar y Boyacá, de inmediato se dispararon las alarmas de todos los hatos nacionales, dada la facilidad con que se propaga la enfermedad. En el Cesar, por ejemplo, han sido detectados cuatro focos, en igual número de predios, hecho que ha obligado a sacrificar cientos de bovinos y porcinos.

A este panorama preocupante se suman los brotes de fiebre equina que han sido detectados en más de 15 departamentos, lo que ha obligado a la suspensión de múltiples eventos, como ferias, cabalgatas y exposiciones. Hoy está prácticamente suspendida la movilidad de equinos por todo el país. Cerca de 50.000 criaderos viven momentos de zozobra y unas 130.000 personas que se dedican a actividades equinas desconocen qué pasará con su trabajo.

La situación es, pues, preocupante y para muchos, desalentadora. ¿Qué pasó? ¿Por qué llegó a esta condición uno de los sectores productivos más importantes del país?

Aunque no se puede desconocer que hay circunstancias de mercado, que afectan la productividad y la rentabilidad del sector ganadero, es indudable que la principal razón de lo que hoy ocurre tiene que ver con decisiones adoptadas por Juan Manuel Santos durante su Presidencia. Todas ellas motivadas por razones políticas, asociadas directamente con la oposición del gremio ganadero a las negociaciones del gobierno con las Farc en La Habana. Santos les cobró a los ganaderos sus constantes críticas a la negociación con las Farc y hoy tanto el país como los ganaderos pagan las consecuencias de esa nefasta cuenta de cobro.

Al despojar a los ganaderos asociados a Fedegán, quienes por más de 22 años habían manejado el Fondo Nacional del Ganado (FNG), organismo que tenía el control de la mayoría de las actividades ganaderas del país, Santos comprometió la suerte de programas exitosos, como todos los que tienen que ver con el control y la erradicación de la fiebre aftosa en el territorio nacional.

Tan eficiente fue la labor desempeñada que después de varias décadas, Colombia fue declarado como un territorio libre de aftosa. Hoy -por desgracia- figura en la información oficial suministrada por la Autoridad Internacional de Salud Animal (OIE), bajo el rótulo de “suspensión del estatus libre de aftosa”.

Por increíble que parezca, una actividad tan técnica y especializada, como la realizada por Fedegán, en asocio con universidades y entidades muy bien calificadas, terminó en manos de políticos amigos del gobierno y aliados incondicionales en su negociación con las Farc en La Habana. Hoy pagamos las consecuencias de esa politización. En su guerra a los ganaderos por ser, según él, “enemigos de la paz”, Santos puso en riesgo la suerte no solo de los ganaderos, sino de la ganadería nacional. Esa es la triste realidad. ¿Qué hacer ante este panorama?

Ganadería: recuperar mercados es más difícil que abrirlos

Los grandes avances de la ganadería nacional, en materia de abrir nuevos mercados, como consecuencia de la calidad de los productos, están comprometidos en estos momentos. ¿La razón? Nada hace más daño al sector ganadero que la posibilidad de la propagación de brotes de fiebre aftosa a nivel nacional. En materia de exportaciones, recuperar mercados es más difícil que abrirlos. Que lo digan los ganaderos del país, quienes a la lucha constante por mejorar las calidades de sus hatos, han tenido que sumar el estigma de ser considerados “paramilitares”, por aquellos que los señalan de ser aliados de organizaciones criminales de extrema derecha. El Gobierno Nacional debe adoptar medidas urgentes para hacerle frente y desterrar de nuevo la Fiebre Aftosa del país. El surgimiento de nuevos brotes no solo pone en riesgo nuevos mercados, sino que compromete la propia supervivencia de cientos de familias dedicadas a la ganadería. Se requiere que al frente de la lucha contra la aftosa estén de nuevo personas especializadas y técnicas que conozcan la gravedad del asunto y adopten medidas que permitan erradicar la enfermedad. Es necesario redoblar esfuerzos para combatir el contrabando de animales provenientes de Venezuela, que podría prestarse para la contaminación de hatos buenos por reses enfermas. Aunque es bueno precisar que cuando las condiciones sanitarias del hato nacional son óptimas -producto de la aplicación oportuna de vacunas en muy buen estado- el riesgo de propagación de la enfermedad es mucho menor. “La res que se enferma es la más débil, aquella que no tiene defensas”, me dijo un ganadero, asociado a Fedegán. El Gobierno Nacional está en mora de adoptar medidas drásticas para erradicar los brotes de aftosa del país.

Consecuencias de una cuenta de cobro de Santos

La negativa del presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, de participar en un foro en la Universidad Nacional de Bogotá en 2013, donde se debatiría la propiedad y distribución de la tierra en Colombia, cuyas conclusiones serían llevadas a la mesa de negociación de La Habana, produjo un inmenso malestar en el Gobierno Nacional, en especial del presidente Santos, quien de inmediato inició la que Lafaurie llama “una persecución contra los ganaderos del país”. Una de las primeras medidas que adoptó el Gobierno Nacional fue despojar a Fedegán de la administración del Fondo Nacional del Ganado (FNG), uno de los más grandes y sólidos del país, entidad que se encarga del manejo de los parafiscales del sector ganadero del país. El Fondo funciona y se sostiene con el aporte de más de 400.000 ganaderos y comerciantes de leche del país. El Gobierno Nacional, en cabeza del ministro de Agricultura de entonces, Aurelio Iragorri, adujo en su momento presuntas irregularidades en el manejo de los recurso, argumento que fue calificado de absurdo por Lafaurie y por distintos voceros del gremio ganadero. Meses después, el exministro Iragorri debió retractarse de varias de sus afirmaciones, al ser denunciado por Lafaurie, quien no dudó en afirmar que todo fue producto de la persecución de Santos por cuenta de su oposición radical a la negociación con las Farc.

Multimillonarios convenios sin ningún tipo de control

En su afán por despojar a Fedegán de sus funciones, como producto de su confrontación política con sus dirigentes y voceros, Santos celebró una serie de convenios que no solo no cumplieron con sus objetivos, sino que pusieron en riesgo la estabilidad y el futuro de sector, como lo estamos viendo en estos momentos. Uno de ellos lo celebró el 27 de mayo de 2016. Se trató de un convenio de asociación que el Ministerio de Agricultura firmó con la Unión Nacional de Asociaciones Ganaderas Colombianas (Unaga), por un monto de $3.592.887.666, con el fin de “fortalecer la asistencia técnica general en zonas estratégicas de Colombia, dirigida a pequeños y medianos productores”. Además, Unaga se comprometió a “acompañar al desarrollo de los planes sanitarios bovinos en cinco regiones naturales del país”, así como “entregar un informe de la situación actual del plan sanitario” y “establecer una red de información relacionada con las cinco regiones naturales del país”. Sería muy bueno -dada la delicada situación actual del sector- conocer los resultados obtenidos durante la ejecución de este multimillonario contrato, adjudicado durante el gobierno de Santos. Lo único que ha trascendido es que la anunciada “red de información” tuvo como uno de sus principales soportes la información suministrada y compartida por Whatsapp.

Una estigmatización funesta contra los ganaderos

Al graduar como “enemigos de la paz” a quienes asumieron una posición crítica con respecto a los diálogos con las Farc en La Habana, el Gobierno Nacional atizó la hoguera de la polarización nacional y contribuyó a la descalificación de los opositores políticos. La precisión en el uso del lenguaje -elemento valioso en toda negociación- fue dejada de lado, tanto por el Gobierno como por sus opositores. De esta manera se arraigó mucho más la estigmatización de los contrarios. Por cuenta de ello todos los ganaderos terminaron convertidos en paramilitares y los líderes sindicales y defensores de los Derechos Humanos, acabaron graduados de guerrilleros. De lado y lado se abusó y se abusa del manejo del lenguaje para pretender imponer argumentos de fuerza. La legítima defensa de la propiedad privada por parte de los ganaderos, acabó convertida en bandera de los “paramilitares”, según señalamientos de algunos negociadores de La Habana. Es indudable que Santos abanderó la causa de quienes consideraron toda crítica a la negociación con las Farc, como un atentado a la paz y por cuenta de ello, metió en ese saco a todos los ganaderos del país