El mejor consejo que recibió Esthercita Forero en su vida se lo dio el poeta Jorge Artel: “Usted porque canta de todo, dedíquese a cantarle a su tierra, que lo hace muy bien”. Esthercita tomó atenta nota de las palabras de su amigo cartagenero y desde ese momento se dedicó en cuerpo y alma a cantarle a Barranquilla, su querida y entrañable ciudad, en la que nació el 19 de diciembre de 1919, en el Barrio Abajo. Nadie le ha cantado a Barranquilla como Esthercita. Nadie plasmó tanto amor por la ciudad como ella, razón por la cual es llamada con toda justicia la Novia de Barranquilla. Desde su nacimiento hasta su muerte –ocurrida el 3 de junio de 2011– Esthercita no dejó un solo día de inspirarse en su ciudad. Al conmemorar los 100 años de su natalicio, es bueno tener presente no solo el inmenso cariño que Esthercita le profesó a Barranquilla, sino su sentido de pertenencia y su compromiso por darla a conocer tanto nacional como internacionalmente.

Dotada de un talento para cantar y de una enorme simpatía, Esthercita desde muy niña cautivó a propios y extraños, quienes se deleitaban escuchándola en La Voz de Barranquilla, con apenas 14 años. En ese momento la ciudad disfrutaba de una década dorada, que la había convertido en un referente nacional, hasta el punto de ser llamada La Puerta de Oro de Colombia. De hecho, la emisora donde Esthercita enternecía a los barranquilleros fue una de las primeras del país.

En 1949, Esthercita inicia una gira internacional que se prolongaría por una década. Viaja por las islas del Caribe, donde conoce a grandes compositores, quienes contribuyen a su formación artística, entre ellos Rafael Hernández, quien la acoge en Puerto Rico como una integrante más de su familia.

“Viví en su casa y en ella recibí mucho cariño”, contó la propia Esthercita, años después. Durante esa década, estuvo de gira por Cuba, República Dominicana, Centroamérica y Nueva York. Regresó a Barranquilla para nunca más salir en 1959. A partir de ese momento se convirtió en la gran figura de nuestra música tropical, como integrante estelar de orquestas reconocidas, como las de Pacho Galán, Clímaco Sarmiento, Nuncira Machado, Aníbal Velásquez y Alfredo Gutiérrez, entre otros.

Cuatro años después de su regreso a Barranquilla compone “Luna barranquillera”, una de las canciones más hermosas que le dedicó a la ciudad. Luego siguen múltiples composiciones, todas de una calidad extraordinaria, muchas de las cuales quedaron plasmadas en el LP “Érase una vez en la Arenosa”, bajo la batuta del maestro Pedro “Pete” Vicentini. Dicha producción debería reeditarse ahora que estamos conmemorando el centenario de su natalicio.

Un año después –en 1976– Esthercita compone La Guacherna, considerada el himno del Carnaval de Barranquilla. La canción es un homenaje a una de las tradiciones que estaba a punto de perderse y que ella rescata en 1974. Las “Guachernas” -tanto el desfile como la canción- son otra prueba más del amor de Esthercita por Barranquilla. Los Vecinos de Nueva York, con Milly Quezada, como voz cantante, la convirtieron en un éxito internacional a comienzos de los 80.

En 1974, Esthercita le compone otra canción preciosa a su ciudad: Mi Vieja Barranquilla. En ella se deja atrapar por la nostalgia y rememora los tiempos que se fueron por sus calles “doradas por el sol y las arenas”, con su caño “saludando al Magdalena, con flores de bonitas batatillas…”.

Al cumplirse los 100 años de su natalicio, recordemos algunas de sus canciones y tengamos muy presente a quien supo expresar como pocos su inmenso amor por Barranquilla: Esthercita Forero.

Volvió Juanita y dijo que no volvía…

La reina del Carnaval, Carolina Segebre, desfiló la noche del viernes en La Guacherna como si fuera la mismísima Juanita, de Esthercita Forero. Aquella que volvió con una maleta “cargada de lejanías”. La que regresó con “su pollera pintada de pájaros y colores / de amores y de canciones / Que bonita se ve llegando del aeropuerto / regresando otra vez a su gente y a su pueblo…”. Volver a Barranquilla después de diez años de ausencia significó para Esthercita Forero respirar de nuevo la brisa del Río Grande de la Magdalena, bañarse en la inmensidad del Mar Caribe, escuchar el trinar de toches y canarios, mientras destrozan mangos maduros a picotazos. Cada año –por cuenta del Carnaval– miles de curramberos y curramberas regresan a la ciudad, como Juanitas, con la ilusión intacta de volver algún día para quedarse para siempre, como se quedó la inmortal Esthercita Forero, aquí en su tierra, que es la nuestra, que es la de todos. “Volvió Juanita / está bailando la brisa / las plazas y las campanas / las flores y las sonrisas / Y los recuerdos / calor de la vieja casa / la tacita de café / el agua de la tinaja…”. La canción completa en este link

Lunita barranquillera…

Por cuenta de los constantes apagones nocturnos a los que nos somete Electricaribe, los habitantes de Barranquilla hemos podido observar en todo su esplendor y majestuosidad nuestra radiante luna. No hay mal que por bien no venga, decían nuestros abuelos. Pero resulta que Esthercita no solo le cantó a esa luna, sino que conoció los secretos de sus amoríos con nuestro Río Grande de la Magdalena, por muchos años olvidado y hoy más presente que nunca en nuestro diario vivir. “Lunita barranquillera / le conozco sus secretos / tiene amores hace tiempos con el Río Magdalena / los he visto besarse en la arena / una noche de cumbia y palmera / Tan airosa la luna garbosa / como es la moza barranquillera…”. A propósito de nuestra luna y nuestro río, ya es hora de que nuestra clase dirigente se pare firme y exija el cumplimiento del compromiso adquirido por el Gobierno Nacional de recuperar la navegabilidad del Río Grande de la Magdalena, al que Esthercita “cuadró” con la Lunita barranquillera. Sería –¡qué duda cabe!– un bello homenaje a la Novia de Barranquilla en sus 100 años de nacida.

Faroles de luceros…

En 1974 Esthercita Forero se propuso rescatar una de las tradiciones más hermosas del Carnaval, que se estaba perdiendo por falta de interés de quienes estaban al frente de las festividades: La Guacherna, evento que pudo disfrutar cuando niña en el Barrio Abajo, donde nació. Muchas veces Esthercita escuchó el llamado de los guaches, las tamboras y las flautas de millo y se sumó a ese río humano de hombres, mujeres y niños que portaban en sus manos mechones y velones, mientras se dejaban arrastrar por festivas melodías. Pero no contenta con rescatar la tradición, Esthercita le compuso un canto a ese evento majestuoso: “Faroles de luceros / girando entre la noche / la brisa es un derroche de sones cumbiamberos / locura de colores / las calles de Curramba / ahí viene La Guacherna / tremenda pa’ gozá…”. Hoy el gran reto es preservar la Tradición del Carnaval, que no es otra cosa que la semilla de donde brotó esta fiesta que es Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad y Patrimonio Cultural de la Nación. A ello contribuyó –sin duda– Esthercita cuando rescató La Guacherna con el tesón y el temple que la caracterizó. La canción completa en este link

Cuando el viento vagabundo…

Atrapada en la nostalgia y los recuerdos, ante una ciudad avasallante, que amenazaba con llevarse todo lo que encontraba a su paso, Esthercita compone en 1974 “Mi Vieja Barranquilla”, una voz desgarrada y melancólica, que se aferra a un pasado cada día más lejano. “Cuando el viento vagabundo de la tarde / pasa murmurando y cantando en la distancia / me recuerda tantas cosas de mi vida / queridas / remolinos de nostalgias / Las calles de mi vieja Barranquilla / doradas por el sol y las arenas / el caño saludando al Magdalena / con flores de bonitas batatillas / jardines con noches de serenata / faroles bajo la Lunita grata / repletas de la plaza al camellón / y los palitos de matarratón / Los patios de guayaba y de ciruelos / la cumbia de mi pueblo currambero / Amores y cariños del ayer / la dulce casa que me vio nacer / recuerdos son de un tiempo ya pasado / imágenes que yo nunca he olvidado / que se han quedado escritas con amor / aquí muy dentro de mi corazón…”. Esta Esthercita que le cantó a Barranquilla con tanto amor, merece ser recordada por siempre. Punto. Prueba de ese amor por la ciudad son sus canciones. Ahí está reflejada una ciudad pujante y altiva, trabajadora y soñadora, alegre y festiva, apasionada y noble, como era la propia Esthercita, la Novia de Barranquilla. La canción completa en este link